Juan Carlos Hidalgo. 13 octubre

Uno de los grandes retos en la próxima década será poner orden en las pensiones. Se trata de una tarea titánica. No solo debemos hacer ajustes para afrontar la quiebra inexorable del régimen al cual la mayoría de los trabajadores cotizan –el IVM de la CCSS–, sino también para lidiar con otros regímenes igualmente deficitarios –el del Poder Judicial– o cuyos beneficios los pagan, de manera parcial o total, los contribuyentes –los que son con cargo al presupuesto–.

Esto requiere reformas estructurales que consumirán el capital político de cualquier gobierno. Por eso, es indispensable preparar el terreno de la opinión pública con una discusión franca sobre cómo deben financiarse las pensiones. El meollo del asunto es explicarle a la gente que el dinero de las jubilaciones no cae del cielo como maná; debe salir de las contribuciones que hace cada trabajador. Por eso, el monto de la pensión tiene que reflejar lo que este cotizó durante su vida laboral: ni más, ni menos. Lamentablemente, esta relación se pierde cuando existe un régimen de reparto como el IVM –en el cual hay subsidios intra e intergeneracionales– o regímenes subvencionados por el fisco.

Un esquema solidario para garantizar una pensión básica a quienes, por diversos motivos, no pudieron cotizar lo suficiente para su retiro es inobjetable. Pero al grueso de la población debe aplicársele la regla de que la jubilación se financia con los aportes individuales. Para consagrar la relación entre ahorro y monto de la pensión, lo óptimo sería adoptar como sistema universal el de capitalización individual, que ya tenemos en el ROP. Este nos blindaría de los abusos y privilegios prevalentes en otros regímenes.

Además, tiene un beneficio adicional: el dinero que cotiza el trabajador es invertido durante su vida laboral y eso le otorga rendimientos considerables a largo plazo. En Chile, más del 70 % de la plata que recibe una persona por su pensión es producto de la rentabilidad que le genera la inversión de su ahorro jubilatorio. Esto es lo más cercano que hay a la multiplicación de los panes.

El desastre actual de las pensiones hay que reemplazarlo por un sistema basado en la responsabilidad que tiene cada trabajador de velar por su propio retiro, sin pasar la factura a otros.

El autor es analista de políticas públicas.