Juan Carlos Hidalgo. 12 julio

La reducción del impuesto sobre la renta corporativo a una tasa única del 15 % es un elemento neurálgico en la estrategia para convertir el país en una zona franca en las Américas. Sin embargo, no es el único factor, ni quizás el más importante a mediano y largo plazo. El país también debe lanzar un proyecto nacional para reconfigurar la fuerza laboral.

La escasez de trabajadores calificados es uno de los principales escollos que limitan la atracción de empresas multinacionales. Si bien desde hace años vienen diseñándose y ejecutándose planes para ajustar la mano de obra a los rigores de una economía globalizada, el proceso ha sido lento y no da los resultados deseados. Necesitamos un cambio sistémico en la educación.

Pero los frutos de una estrategia integral en esa dirección no se verán hasta mediano y largo plazo, y el país no puede esperar tanto. Hay que implementar políticas que faciliten la llegada de la inversión extranjera mientras alcanzamos la optimización de la fuerza laboral. Por ejemplo, brindar durante diez años todas las facilidades migratorias para que esas empresas traigan sus propios técnicos e ingenieros. No solo el establecimiento de profesionales bien remunerados tendría un efecto positivo en la economía, sino que sería un vehículo formidable para la transferencia de conocimientos hacia la mano de obra nacional.

Aun así, las empresas esperan encontrar una buena base de trabajadores aquí, por lo que esta medida debe verse como algo temporal. Por eso, para ser eficaz, la estrategia requiere un compromiso creíble del gobierno en las reformas estructurales del sistema educativo. Estas deben empezar por la promoción de las ciencias y la tecnología en la educación primaria, así como inculcar habilidades blandas desde temprana edad (la puntualidad, la toma de responsabilidades, el trabajo en equipo y el aprendizaje investigativo).

La educación superior debe redoblar la apuesta por las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática), algo que, lamentablemente, encuentra resistencia en ciertos círculos universitarios. Además, hay que acelerar el énfasis de la educación técnica —secundaria y parauniversitaria— en esas áreas. Se trata de un reto mayúsculo.