Juan Carlos Hidalgo. 24 mayo

El 13 de marzo del 2010 fue el día más feliz de mi vida. Rodeado de decenas de amigos y familiares, muchos de los cuales viajaron miles de kilómetros para acompañarnos, intercambié votos con la persona que más amo en este planeta, mi esposa Kristina.

Tenía cierto nerviosismo por la magnitud del paso que estaba dando, pero la enorme felicidad de departir con tantos seres queridos y de empezar una nueva etapa con mi mejor mitad hicieron de esa ocasión el día más inolvidable de todos. Los años se han encargado de confirmarme la sabiduría de esa decisión.

Menciono esto porque hoy es el último día en que, como nación, les negamos a cientos de miles de costarricenses el derecho a tener la misma alegría que yo sentí hace diez años.

Mañana, Costa Rica será el país 29 en permitir que las personas que quieran compartir un proyecto de vida con sus parejas del mismo sexo puedan hacerlo disfrutando de las mismas garantías y protecciones legales que gozamos las parejas heterosexuales que hemos contraído matrimonio. Mañana celebramos no solo la libertad, sino también la igualdad y el compromiso.

Llegar hasta aquí no nos ha resultado fácil. En la última elección presidencial, el país sufrió una tremenda polarización alrededor de este derecho.

Que la decisión surgiera originalmente de un pronunciamiento de una instancia supranacional —la Corte Interamericana de Derechos Humanos—, en lugar de un órgano político o judicial interno, no fue lo más prudente en términos de legitimidad ante la opinión pública.

Un sector grande de la población sigue resistiéndose a la idea. Pero todo indica que la mayoría de los costarricenses, incluso muchos que no estuvieron a favor, han aceptado la realidad del matrimonio igualitario.

Para quienes aún albergan resquemores, habiendo vivido siete años en una jurisdicción donde es legal, puedo garantizarles que ni yo ni mi familia nos vimos afectados.

Para la enorme mayoría, mañana transcurrirá como un día cualquiera, pero para miles de parejas LGBT el 26 de mayo es el inicio de una nueva era.

No solo podrán decir “sí, acepto” a la persona que más aman, sino que también dejarán de sentirse ciudadanos de segunda clase. Mañana, Costa Rica será un mejor país que hoy. Salud a las nuevas familias.

El autor es analista de políticas públicas.