Juan Carlos Hidalgo. 14 julio

La cuestión que más me obsesiona sobre Costa Rica es por qué no somos el país más desarrollado de América Latina. Después de todo, durante un buen lapso del siglo XX, contamos con ventajas indiscutibles con respecto al resto de la región. ¿Por qué no somos líderes en los principales indicadores económicos y sociales?

Hay buenas razones para ver el vaso medio vacío.

Mientras los vecinos sufrían cruentas dictaduras militares o se desangraban en conflictos internos, nosotros construimos una sólida y estable democracia. No es poca cosa que nuestro Tribunal Supremo de Elecciones se encuentre entre los órganos electorales más íntegros del planeta. Hace 70 años, nuestros gobernantes tomaron la muy sabia decisión de abolir el ejército, y forjaron una fuerte tradición civilista que es parte esencial del ethos costarricense. Tampoco incurrimos en estragos económicos como las hiperinflaciones que arrasaron a varios países de la región. Incluso hemos tenido la suerte de no ser víctimas de desastres naturales devastadores.

Por algo nos empezaron a llamar la Suiza centroamericana. El título ha servido para promocionar al país en el exterior —incorporando en el camino algunas licencias literarias—. Por ejemplo, nuestros presidentes gustan presumir a audiencias extranjeras que “invertimos” el 8 % del PIB en educación, aunque diversos análisis revelan los pésimos resultados de dicho gasto. En la última década, hemos querido vendernos como líderes en políticas ambientales, a pesar de que más del 90 % de las aguas negras van a nuestros mares sin ningún tratamiento.

Un amigo tico que ha viajado a más de 60 países comentaba que “el resto del mundo nos ve afortunados”. Sin duda lo hemos sido. Hay buenas razones para ver el vaso medio lleno. No obstante, también debemos cuestionarnos: si hemos tenido tanto a favor, ¿por qué no superamos a la región en PIB per cápita? ¿Cómo explicar que una quinta parte de la población continúe en la pobreza y no haya mayores avances en dicha área? ¿Por qué tenemos una de las peores infraestructuras viales de América Latina? La gente tiene derecho a ver las cosas desde su perspectiva favorita. Soy de los que consideran que hay buenas razones para ver el vaso medio vacío.

El autor es analista de políticas públicas.