Juan Carlos Hidalgo. 29 diciembre, 2019

Si bien la década no termina hasta el próximo año, mañana llegan a su fin los 2010. Repasemos los indicadores más importantes para ver cómo nos fue en este decenio.

Las estadísticas no mienten. Hagamos lo necesario para corregir el rumbo en los años veinte.

Lamentablemente, sufrimos una marcada ralentización económica, con un promedio de crecimiento anual del 3,6 %, inferior al 4,2 % de los 2000 y al 4,8 % de los 90. Sin un mayor ritmo de expansión de la economía, es difícil que generemos suficientes puestos de trabajo, tengamos salarios crecientes y reduzcamos la miseria. El ingreso promedio real mensual del trabajador termina estancado, al pasar de ¢472.436 en el tercer trimestre del 2010 (en colones del 2019) a ¢470.737 en el mismo período de este año. No sorprende que hayamos empezado el decenio con un 21,3 % de las familias viviendo por debajo de la línea de pobreza y que lo cerremos con un magro 21 %.

Si algo sirve de consuelo, pasamos del 8.° al 7.° lugar de América Latina en PIB per cápita (ajustado al poder adquisitivo), pero el avance tuvo que ver con las profundas crisis de Brasil y Venezuela. Aun así, somos el equivalente de Jicaral en la tabla de posiciones regional. El desempleo es uno de los mayores lastres, promedia un 9,8 % desde el 2010. Lo más preocupante es que parece que ya nos acostumbramos a tener un alto nivel de desocupación. Como si fuera poco, la informalidad pasó de un 40,2 % a un 46,3 %.

Las señales son inequívocas de que tenemos un mercado laboral anémico y en franco deterioro.

La situación fiscal es uno de los factores que más ha atentado contra el dinamismo de la economía. En este decenio, el déficit fiscal promedió un 5,2 % anual y la deuda del Gobierno Central estalló de un 26,1 % a un 59,1 % del PIB. El fuerte endeudamiento se tradujo en mayores tasas de interés que estrujaron el consumo y la inversión, y finalmente desembocó en un aumento de impuestos que golpeó a consumidores y empresarios. Afortunadamente, hay un indicador que no se vio afectado y más bien presenta una clara mejora: la inflación apenas promedió un 3,1 % anual, comparado con un 10,6 % en los 2000 y un 16,9 % en los noventa. Las estadísticas no mienten: ha sido un mal decenio para Costa Rica. Hagamos lo necesario para corregir el rumbo en los años veinte.

El autor es analista de políticas públicas.