Juan Carlos Hidalgo. 29 julio

Según la última encuesta del IICE, el optimismo de los empresarios experimenta un marcado deterioro para el tercer trimestre del año. No es para menos, la agricultura y el comercio están en recesión, mientras que la construcción va por el mismo camino. Lo más preocupante es que la economía ha caído en un peligroso círculo vicioso.

Los empresarios justifican su pesimismo por la menor confianza que reportan los consumidores y estos explican la suya porque no se percibe reactivación económica. Los empresarios frenan las inversiones y posponen contrataciones, mientras que los consumidores recortan su gasto en bienes y servicios. Un fenómeno alimenta al otro y viceversa. ¿Cómo romper esa dinámica?

La administración Alvarado va a tener que apostar por ajustes más ambiciosos.

Sería mezquino afirmar que el gobierno no está haciendo nada. Se están ejecutando importantes obras viales, se han agilizado procesos en Setena, se redujo el encaje mínimo legal y se han hecho mejoras en simplificación de trámites. Sin embargo, los indicadores hablan por sí solos: los actores económicos no consideran que esas medidas sean suficientes. La administración Alvarado va a tener que apostar por ajustes más ambiciosos.

Veamos, por ejemplo, la moratoria regulatoria. La idea era darle tranquilidad al empresariado de que, por el resto del cuatrienio, no se decretarían nuevas regulaciones que le impusieran más costos. Sin embargo, la mora anunciada por Zapote trae múltiples excepciones: todas las regulaciones que estaban en proceso de elaboración continuarán su trámite. Además, se excluyen las que respondan a “principios ambientales o de salud pública” o que “formen parte del cumplimiento de las metas del Plan Nacional de Desarrollo”. Toda señal de confianza que se pretendía enviar, quedó socavada.

La resistencia a recortar el gasto público o cerrar instituciones obsoletas transmite el mensaje de que los costos en que los consumidores y empresarios están incurriendo por los nuevos impuestos solo servirán para mantener a un sector público anquilosado. A eso sumemos la inminente quiebra del ICE, la majadería por el etanol y todo lo que eso implica en el futuro cercano para el ya de por sí elevado costo de la energía.

El pesimismo no se debe a un problema de comunicación de la administración Alvarado. Se debe a lo modesta que ha sido su actuación para romper la desconfianza imperante.

El autor es analista de políticas públicas.