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Costa Rica sin estrategia

La estrategia necesita la existencia de la competencia que incentive la creatividad, no es un documento

Del término estrategia se ha hecho un uso abusivo y se le asocia con una serie de acciones que distan mucho de lo que significa, especialmente, cuando se habla del desarrollo de un país o los logros de una organización o empresa.

Michael Porter, quien más ha desarrollado el concepto, explica que cuando pregunta cuál es su estrategia, las personas le muestran un plan estratégico o la definen como ser líderes en un determinado campo o copiar las mejores prácticas en el medio.

Todo eso, afirma Porter, tiene que ver, pero ninguna es una estrategia. La estrategia es un rasgo singular y único, difícil de copiar ya sea por la competencia o por otro actor.

La estrategia supone el ejercicio de lo que hoy llaman habilidad blanda: la operación cerebral individual o colectiva por medio de la cual se visualizan futuros posibles y, a partir de ahí, se traza racionalmente una forma de elegir y llegar al porvenir deseado.

Conlleva la existencia de una competencia que incentiva la creatividad, y no es un documento, receta o prescripción; es lo que está en la “mente del estratega”, como dice el prospectivista japonés Kenichi Ohmae.

En relación con el horizonte temporal, parte de una visión del futuro a largo plazo, lo cual estimula el ejercicio de pensar cómo llegar allá. Surge entonces un dilema ético, porque podría ser que se tome la la ruta de El príncipe de Maquiavelo —“el fin justifica los medios”— o el diseño de un marco ético para la actuación.

La estrategia advierte la existencia de la competencia. En 1934, el profesor G. F. Gause, de la Universidad de Moscú, biólogo y matemático, propuso el “principio de exclusión competitiva”: no pueden coexistir dos especies que se ganen la vida de la misma manera.

Esto alentó un gran desarrollo del pensamiento y la planificación estratégica desde los años 40. Encontró en el ámbito militar el mejor terreno teórico y metodológico, pues en cada batalla la competencia implica poner en juego la vida humana y, posiblemente, la libertad.

A veces es un acuerdo nuevo, consenso entre un conjunto de actores sociales sobre cómo alcanzar la visión a largo plazo. Ese acuerdo es esencial para que no se dispersen los esfuerzos ni se tomen decisiones incoherentes.

De acuerdo con este argumento, no existe el “libro blanco de la estrategia”; será por medio de las decisiones que tome un país o una empresa que se irá deduciendo la estrategia.

Varios documentos hablan de aspiraciones de aquí al 2050 sobre descarbonización y enfoque territorial; y existe un sinnúmero de “estrategias” y “políticas públicas” con horizontes temporales para períodos superiores a los diez años. Lo que se requiere saber es si hay un acuerdo sobre lo que aspiramos a ser como país.

¿Cuál es la estrategia de Costa Rica a largo plazo? ¿Existe la estrategia realmente? No la tenemos, aunque varios documentos apunten hacia el futuro. ¿Qué pasó con los estrategas nacionales? Ahí están, pero el país está muy dividido en gobernanza y gobernabilidad. La ausencia de liderazgos limita los acuerdos sobre el futuro y, por ende, la estrategia.

Pareciera que Costa Rica tiene la visión de ser reconocida por su naturaleza, paisajes y cuidado del medioambiente, pero el aprovechamiento de las fortalezas en fuentes de energía renovables y la renovación del transporte público van a paso lento.

Se enfoca en el turismo, pero es uno de los países más caros para visitar, cuida poco a los turistas y les cobra más caro, lo que abre la posibilidad de que busquen otro destino.

En cuanto a competencia que incentive una estrategia basada en innovación, parece que eso funciona muy bien en el sector privado, porque es una batalla por la supervivencia, pero en el público se sigue creyendo que el Estado y los servicios públicos no tienen rivales.

La competencia del Estado se expresa en la pérdida de legitimidad de las instituciones, la desconfianza en las autoridades en general, la deficiencia del sistema educativo y el ausentismo electoral, por citar unos pocos efectos.

Ahora se habla de coopetencia, porque los retos del presente ya no son solo los de un sector u otro, sino de la humanidad entera.

La incapacidad para diseñar una estrategia para el país condujo a muchos a creer que es un documento que se consulta con la gente, pero las grandes estrategias de la historia, incluso las de Costa Rica, no han sido escritas. Se conocen por las decisiones que se tomaron.

En ausencia de una estrategia nacional, se ha debido trabajar con alóctonas, por ejemplo, hay quienes afirman que el ingreso a la OCDE es una estrategia del país; otros, que el alcance de los ODS es visión a largo plazo; en algún momento fueron los organismos financieros internacionales los que marcaron de cierto modo la estrategia nacional.

“Mi estrategia es, en cambio, más profunda y más simple”, escribió Benedetti en el poema Táctica y estrategia. ¿Cuál será la de Costa Rica?

jc.mora.montero@gmail.com

El autor es docente en la UNA y la UCR.

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