Thelmo Vargas. 3 mayo

El país está dividido en tres territorios denominados Chorotega, Huetar y Brunca. Cada uno emite sus propias licencias de circulación (placas) para los vehículos automotores que se inscriben, con lindos motivos indígenas que se distinguen a la legua, lo cual es necesario porque ningún vehículo puede circular fuera de su territorio, ni tener más de una licencia.

Las autopistas, calles y caminos vecinales terminan abruptamente en los límites territoriales, pues hay muros divisores de 1 metro de ancho por 2,5 de alto y un estrecho portoncito para que la gente pueda pasar de un lado a otro y hacer transbordo o continuar su viaje a pie.

En muchos de esos sitios, hay “llevo llevo”, quienes, por una módica paga, ayudan a la gente con su carga. También se vende agua de pipa, tamal asado y empanadas de carne de chancho muerto. Pero los muros se constituyen en serios problemas para el desempeño de las labores de los bomberos y de la Cruz Roja.

Casi todas las agencias de carros cerraron y muchas convirtieron sus instalaciones en discotecas y en aguacaterías, ventas de comida cuyo principal ingrediente eran los aguacates

La medida descrita se adoptó en setiembre del 2021 porque el parque vehicular (automóviles, motocicletas, buses, etc.) había superado en el país los 3,5 millones y, ante el pobre avance de las obras de infraestructura vial, los embotellamientos llegaban a tal punto que para ir de San Pedro centro a Salitral de Santa Ana, se tardaba —en promedio— 4 horas y 27 minutos según un estudio preparado por el Mideplán, el Lanamme y la Defensoría.

Mucha gente llegaba al trabajo, marcaba la tarjeta y se devolvía a la casa para estar a tiempo para la cena y ver un nuevo episodio de la popular telenovela La pasión de los deseos reprimidos.

Polución. También influyó en la adopción de la medida la altísima contaminación del aire en las principales ciudades. Quienes caminaban por la avenida segunda de San José, por ejemplo, debían utilizar unas máscaras que, por dicha, vendían a pagos y sin fiador en los alrededores del parque central.

La presidenta de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se quejó del gran número de personas que llegaban a sus hospitales y clínicas con problemas respiratorios. Amenazó con aumentar en tres puntos porcentuales, o más, las contribuciones laborales al Sistema de Enfermedad y Maternidad (SEM) para hacer frente a los costos que la atención requería.

Muchas empresas adoptaron esquemas de teletrabajo y lograron más o menos seguir adelante. Pero el sector público vio caer su productividad en un 78,53 % respecto al 2018, según otro estudio de los entes arriba citados.

Como los problemas de tráfico continuaban, en una reunión cumbre, que los caciques de las tres regiones celebraron en el cerro Chirripó, se decidió poner un límite al número de placas y cada año solo emitir tantas como vehículos se convirtieran en chatarra, más un pequeño incremento.

Costaba mucho obtener una nueva placa y para ello los interesados tenían que esperar cinco o más años.

En el territorio Chorotega, las nuevas placas se asignaban por sorteo, y eso llevó a la formación de un mercado negro. Una licencia para un auto de uso familiar en eBay se cotizaba en $75.000 y más. En las regiones Huetar y Brunca las placas se asignaban al mejor postor y los pagos ingresaban a las arcas públicas, no al bolsillo de personas privadas. Dicen que en setiembre del 2027 el precio andaba por unos $90.000. Solo los ricos tenían carro.

Transformación. Casi todas las agencias de carros cerraron y muchas convirtieron sus instalaciones en discotecas y en aguacaterías, ventas de comida cuyo principal ingrediente eran los aguacates, que tan sabrosos son y tantas propiedades alimenticias y medicinales tienen. Pero muchas tuvieron que cerrar cuando, por recrudecimiento del proteccionismo, el precio unitario de ellos sobrepasó los $10.

Las ventas de bicicletas fueron progresivamente aumentando. También las ciclovías. Los caciques decidieron que todas las bicis podían circular por sus territorios, con independencia de donde estuvieran inscritas.

Un señor de Barranca viajaba todos los días al Banco Central, en San José, donde trabajaba como cuidador de billetes no emitidos. De regreso a casa se iba rodado porque el camino era solo bajar y bajar, rodar y rodar.

Su cuerpo y salud eran atléticos, pero en el banco pocos se le acercaban por el fuerte olor a sudor que lo acompañaba. Todos sus contactos eran por e-mail y videoconferencia.

Lo anterior no es una fantasía. En China, un esquema como el descrito está en operación. Allá, el problema más apremiante es la altísima contaminación ambiental y se prevé que la restricción vehicular contribuya a paliarla.

Un carro con placas de Shanghái, por ejemplo, no puede circular por las calles de Pekín. No sé cómo anda el asunto de los aguacates.

El autor es economista.