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¿Contra qué fue presionada?

Si Emilia Navas fue adalid del combate contra la corrupción, a la historia le costará encontrar asidero para dejarlo asentado

Costa Rica es gran exportadora de banano. Eso no nos hace una «banana republic». Al menos en lo que concierne al sacrosanto Estado de derecho y al «sancta sanctorum» de la democracia, el respeto irrestricto a la separación de poderes. Doña Emilia Navas siembra dudas. Según ella, existe una fatídica conspiración de magistrados de la Corte Plena que hostigan al Ministerio Público para proteger la corrupción. Así, lo plantea al relator especial sobre la independencia de magistrados y abogados del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Es una acusación contra Costa Rica.

No es poca cosa. Si esa bomba no es nuevo escándalo público, sino petardo mojado, es porque, aparentemente, sus 60 páginas de alegato tienen poco sustento fáctico, sin cargos concretos ni correspondiente prueba. Así, lo considera el ex fiscal general Francisco Dall’Anese. Sin pronunciarse sobre el fondo del asunto, señala ausencia de hechos concretos en los que se basa el documento.

Yo no conozco el fondo del asunto, pero coincido con don Francisco en que se está jugando el prestigio del país. Con la democracia amenazada por doquier, me niego a que se nos ponga en el mismo canasto que Venezuela y Nicaragua, donde la subordinación de la justicia es forma ordinaria del manejo de la cosa pública. Eso es lo que me arde. Nosotros no somos así.

No es cosa de poca monta. Es un «tema país». No es correcto, sobre la nada, debilitar la credibilidad de nuestro sistema de justicia. El dicho de doña Emilia pone a nuestra institucionalidad en una prueba de fuego. No se debe tomar a la ligera.

Hay mil problemas sin resolver en nuestros órganos de justicia. De eso no está exento el Ministerio Público. Pero es muy grave insinuar la existencia de una coalición de magistrados que obstaculizan al Ministerio Público en su lucha contra la corrupción. Doña Emilia lo hace. Cualquiera diría que fue adalid del combate contra la corrupción. Y tal vez lo haya sido. Pero si lo fue, a la historia le costará encontrar asidero para dejarlo así asentado. No se le conocen notables casos de corrupción que haya llevado a los tribunales. En el más reciente y sonado de la Cochinilla tuvo, correctamente, que inhibirse. Así que me quedo sin entender contra qué fue presionada. Eso, doña Emilia, lo quedó debiendo.

vgovaere@gmail.com

La autora es catedrática de la UNED.