Jorge Woodbridge. 12 julio

Nuestro modelo de desarrollo energético futuro debe estar en manos de una autoridad superior con rango de ministro. Una persona que concentre todos sus esfuerzos en planear, ejecutar, dar seguimiento y evaluar que las metas para disminuir las emisiones de dióxido de carbono se cumplan. El desarrollo energético es cada día más un trabajo estratégico, debido a los cambios tecnológicos, los recursos para invertir y la política de exploración.

Debe revisarse con lupa la evolución del sector eléctrico, el transporte y la demanda de costos y calidad competitiva que exigen la industria, los servicios, el comercio, la agricultura y el turismo.

En cuanto a los combustibles, se debe revisar con Recope cuáles son los actuales costos operativos, las gollerías de las convenciones colectivas, las inversiones, los precios, la calidad de los productos, las certificaciones y cuál debe ser su papel en el nuevo modelo de desarrollo.

Cumplir compromisos ambientales requiere planificación urbana y meter en cintura el transporte público

Combustibles. Gastamos 21,3 millones de barriles de combustibles al año y la factura petrolera significa más de $1.580 millones, dependiendo de los precios del petróleo y sus derivados. La composición de consumo de energía de Costa Rica está centrada en los combustibles fósiles en un 65 % y un 35 % de electricidad producida, principalmente, por energía hídrica, eólica, geotérmica y biomasa.

Los precios del crudo brent subieron de $30 el barril, en enero del 2016, a $74 en el 2018. En el 2012, importamos 18 millones de barriles y en el 2016, 20,2 millones, lo cual significa un aumento de un 12 % en solo cuatro años.

Los impuestos a la gasolina regular son los más altos de Centroamérica. Gravámenes que superan los ¢550.000 millones y se distribuyen, en promedio, así: al Gobierno el 66,13 %, al Conavi el 21,75 %, a las municipalidades un 7,3 %, a Fonafifo un 3,5 %, al Lanamme un 1 %, a la Cruz Roja el 0,22 % y al Ministerio de Agricultura y Ganadería un 0,1 %.

Recope debe reducir costos operativos para aumentar su competitividad y aportar recursos para financiar el valor de hacer cambios relevantes en el transporte público, que se vuelve clave para ahorrar en combustibles y reducir el enorme consumo de combustibles fósiles, culpables del 65 % de la contaminación con gases de efecto invernadero. Será fundamental, también, analizar la estructura de distribución de recursos y quiénes no necesitan mayor apoyo.

Contaminación. La flotilla de vehículos, la red vial obsoleta, los elevados tiempos de traslado, la falta de planificación urbana, el colapso vial y el descuido que nos tiene sin un transporte público eficiente, genera gastos en salud y logística crecientes.

El consumo de vehículos se ha convertido en un asunto de estatus y cada vez se pospone más el modernizar el transporte público. Se calcula que el país pierde anualmente un 2 % del PIB por el congestionamiento vial.

Todos los años hablamos de metas para combatir el cambio climático, pero, al mismo tiempo, aumentamos la huella urbanística. En lugar de aprender de los errores del pasado, los municipios siguen dando permisos de construcción con la misma infraestructura vial y de servicios. Año a año, hablamos de nuevas metas para mitigar el cambio climático y cientos de miles de vehículos emergen, por lo cual será imposible descarbonizar la economía.

En el 2009, Costa Rica se propuso ser carbono-neutral en el 2021. El gobierno de Luis Guillermo Solís lo amplió al 2100; es decir, 79 años más. ¿Cuál es la realidad? Lo único que hemos logrado es incrementar la cobertura forestal, ejecutar ciertas prácticas verdes en agricultura, comercio, servicios e industria, pero el transporte se resiste al cambio.

Eliminar, o al menos disminuir, las emisiones de dióxido de carbono está relacionado con el consumo de gasolina y diésel de autos, motos, camiones y otros vehículos. Cumplir compromisos ambientales requiere planificación urbana y meter en cintura el transporte público.

Con el actual modelo de ciudades y la falta de voluntad por desarrollar un plan integral de transporte colectivo no lograremos las metas de carbono-neutralidad. La emisión de CO2 del transporte representa el 65 % y en países europeos es el 28 % de las emisiones globales.

Electricidad. Costa Rica ha alcanzado la meta de generar energías renovables para suplir electricidad. No cabe duda de que el éxito del Grupo ICE, a un alto costo, debe aprovecharse en el transporte.

Desde el 2006 cada año se inscriben más vehículos, por lo cual el reto de ordenar este sector requiere nuevos parámetros para reducir la contaminación y mejorar la salud de los costarricenses. El sistema de transportes público debe estar obligado a emplear nuevas tecnologías limpias a base de electricidad y gas.

El desafío es que los vehículos se queden en la casa o en grandes parqueos y luego se usen trenes y buses eléctricos o combustibles más limpios.

Energía solar. Es vital que desarrollemos aceleradamente el uso de energía solar en nuestra matriz energética. La energía fotovoltaica es la más económica de las renovables. Los costos de los módulos solares de silicio han caído un 80 % en los últimos siete años. El mundo apuesta por esta energía y Costa Rica tiene una gran capacidad de producirla debido a la generosidad del sol sobre nuestras tierras.

Entre el 2000 y el 2015, la generación solar creció en el mundo a 4.426 MW, el gas natural solo 75 MW y la energía hidroeléctrica, del carbón y la térmica decrecieron. Asia y Europa han multiplicado su capacidad de producir energía fotovoltaica 75 veces en la última década.

En menos de siete años el precio de la batería de litio para un carro llegará a $100/kWh. Con ese precio, los autos eléctricos se vuelven muy competitivos con respecto a los combustibles fósiles.

Es un hecho que pronto las personas compartirán sus vehículos, así como un “combo Lyft/Uber/Airbus”, que ayudará a alquilar transporte privado autónomo e híbrido.

Infraestructura. Construir nuevas carreteras es prioritario, pero también lo es planificar bien las ciudades y revertir la tendencia a que cada uno use vehículos movidos por combustibles fósiles para ir a trabajar, estudiar o comprar.

Se estima que en el país circulan 1,3 millones de autos y su edad promedio es de 16 años. En los países europeos está restringido el uso de autos para ir a dejar a los estudiantes a las escuelas y colegios. Los alumnos viajan en microbuses.

Debemos acelerar las soluciones y la utilización de trenes modernos eléctricos de transporte de personas y mercaderías; planificar bien las ciudades, haciéndolas más compactas, con usos mixtos para evitar desplazamientos y tener todo cerca de donde uno vive; es necesario dar prioridad de paso a autobuses, pasar al pago electrónico, ejecutar la sectorización y crear sistemas unificados de transporte y módulos de integración.

No pensemos que se va a acabar la contaminación, lo importante es reducir el consumo de combustibles fósiles y establecer estándares de calidad como en Europa. Buena calidad de combustible exigirá autos más eficientes en rendimiento y, paralelamente, tenemos que impulsar el uso de vehículos híbridos, que cada vez serán más competitivos.

Por otra parte, una mayor demanda de energía eléctrica limpia exigirá que el ICE y el sector privado hagan alianzas estratégicas para aumentar nuestra capacidad instalada, partiendo de que la energía solar es y será la más competitiva.

Será clave, también, explorar la vialidad del gas natural, que cada vez se hace más competitivo, menos contaminante, con tecnologías de extracción de alta tecnología y amigables con el ambiente.

El autor es ingeniero.