Ronald Matute.   9 agosto

La familia del químico Mario Castro Calvo está hoy de luto. Ellos denuncian que su pariente falleció tres horas después de que en el Hospital San Rafael, de Alajuela, se negaron a atenderle por un cuadro de bronconeumonía.

“Le dijeron que por motivos de la huelga casi no había personal y solo se atendía a pacientes de categoría roja”, relató su hermana Helen Navarro a Noticias Repretel.

El caso está siendo investigado por la Fiscalía. Si se comprueba, sería uno de los hechos más repudiables en la historia de las huelgas en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Causar el sufrimiento de los pacientes y de sus familiares como estrategia de chantaje, es tan cruel como imperdonable en trabajadores que dicen proteger la salud.

Pero no el único efecto lamentable. Un sentimiento de desamparo e impotencia ha acompañado a los miles de asegurados que han perdido citas y cirugías esta semana.

Imagine cómo se siente una persona enferma que no puede recoger sus medicinas porque la farmacia estaba cerrada o laboraba a media máquina.

Imagine el riesgo que corren los pacientes internados si los centros de salud llegaran a quedarse sin alimentos o sin ropa limpia.

Resulta indignante observar el grado de crueldad con el cual los sindicatos de la CCSS están defendiendo sus privilegios salariales.

Causar el sufrimiento de los pacientes y de sus familiares como estrategia de chantaje, es tan cruel como imperdonable en trabajadores que dicen proteger la salud.

Y que no vengan a decirnos que su lucha es para defender a la Caja, a la clase trabajadora y al país. No mientan más porque sus acciones los desenmascaran.

Queda clarísimo que su único interés es mantener un modelo privilegiado de cálculo que permite disparar sus 19 incentivos salariales cada año.

En su afán por zafarse de las regulaciones fijadas por la reforma fiscal a los pluses salariales, han descargado una ofensiva de golpes bajos contra los costarricenses.

Muy poco les ha importado el impacto causado por sus alocados manotazos a miles de inocentes usuarios de hospitales, clínicas, Ebáis y áreas de salud.

Por ello, están muy lejos de cultivar el apoyo de la población. Su actitud insensible y negligente solo les puede deparar mayor repudio social.

El autor es jefe de Información de La Nación.