Armando Mayorga. 9 octubre

El Colegio de Periodistas de Costa Rica (Colper) lanzó en las redes sociales la campañita Por un periodismo titulado. Según quienes gobiernan ese gremio, un título es garantía de ética y dominio del “mejor oficio el mundo”.

Falso. No lo digo yo. Lo sostienen muchos periodistas y lo reafirmó en 1996 Gabriel García Márquez, quien nunca requirió el cartón.

La formación de un periodista la inician los padres con la ética que le inculcan al hijo, continúa en la universidad, donde se intenta instruirle en técnicas de comunicación, y, al final, el título lo obtendrá con la experiencia.

Al cuestionar las escuelas de Periodismo, él fue contundente: “La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino, muchas veces, la que se da mejor”.

Esa reflexión de hace dos décadas sigue vigente. Escuelas gradúan periodistas pese a sus enormes deficiencias, pero el Colper ni siquiera apunta hacia ellas con el fin de exigir una mejora en la calidad de los programas y profesores. Es más, los programas podrán ser innovadores, pero lo cierto es que la formación de un periodista la inician los padres con la ética que le inculcan al hijo, continúa en la universidad, donde se intenta instruirle en técnicas de comunicación, y, al final, el título lo obtendrá con la experiencia.

Eso también lo ratificó la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 1985 y lo confirmo la Sala Constitucional, al declarar que el “periodista profesional es la persona que ha decidido ejercer la libertad de expresión de modo continuo, estable y remunerado”.

Entonces, en lugar de amenazar a reporteros con campañas inútiles, el Colegio debe invertir ímpetu y dinero en exigir enseñanza de calidad y ejercicio honesto. La sociedad reclama buen periodismo, no cartoncitos. Aclaro: tengo títulos, pero ellos no me hacen periodista.

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.