Armando Mayorga. 21 octubre

La discusión, prácticamente, se cerró. El consenso es que nadie, ningún ciudadano, ningún sector, quiere pagar un cinco más en impuestos para alimentar el monstruoso aparato estatal o abonar a la creciente deuda pública. Es la realidad.

Pero también es muy real el problema de las finanzas públicas. Arden. El incendio está en el presupuesto del Gobierno Central del 2021, previsto en ¢11,4 billones: un 45 % financiado con tributos y el 56 % faltante ¡con más endeudamiento!

Imagine eso en una familia. Es un hogar estrangulado, pues el 60 % de sus gastos los sufraga con tarjeta de crédito. ¿Qué dice la lógica si nadie en la casa quiere poner un cinco más? Ni modo, cortar gastos, quitar lujos y vivir con lo esencial. Esa es la salida de emergencia del país.

Hay que tener claro qué originó el fuego. Hay tres focos. Comenzó porque la Constitución Política y los diputados han aprobado leyes con destino específico, al punto que 150 giros preestablecidos se comen el 40 % del presupuesto del 2021.

Es decir, haya plata o no, Hacienda está obligada a transferir dinero a instituciones para que lo gasten, porque eso dicen la Constitución y las leyes. La orden es gastar sin medir eficiencia.

El segundo foco son las remuneraciones de los funcionarios, engordadas automáticamente por pactos irresponsables de políticos con sindicalistas.

Ahí, el incendio solo lo apagaría una reforma de empleo público que elimine convenciones colectivas. Lo dijo un experto: si no desaparecen, sigue la trampa.

Y tercero, la deuda. Nos endeudamos para pagar destinos específicos, transferencias, remuneraciones a 325.000 funcionarios y pensiones millonarias a exfuncionarios.

Entonces, está bien. Ni un cinco más en impuestos. Pero la alternativa es reducir gastos, presupuestos, y una medida esencial es aprobar la reforma de empleo público con salario global. El Poder Ejecutivo la propuso, pero los 57 diputados disponen. Ellos votan.

Es momento de que digan presente, de que no huyan del plenario (como los tres del PLN) o hagan “filibusterismo” cuando se vota para bajar gastos. A los diputados les llegó la hora de no majar la manguera con la que se apagaría el incendio en este monstruoso Estado.