Armando Mayorga. 17 abril

Juntos, ICE-CNFL-ESPH, son un “combo energético” que puede ocasionar una descarga eléctrica. Es insólito que tres entidades tan consolidadas en producción y distribución de energía afronten complicaciones financieras.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) perdió ¢252.500 millones el año pasado y su subsidiaria, la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), ¢14.500 millones, su quinto año consecutivo en números rojos. La Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) percibió ingresos en el 2017 que no dieron para cubrir los gastos que generó el negocio, e incluso la Contraloría pone en duda su sostenibilidad financiera futura.

¿Cómo llegamos a eso? ¿Por qué los costarricenses toleramos que instituciones imprescindibles estén en esa condición?

En el caso del ICE, hay muchas razones para tanta pérdida, pero algo en común son los mandatarios que han gobernado estas dos décadas. Ellos son responsables, pues colocaron al mando, o en el Consejo Directivo, a amigos, “gente del partido” o sindicalistas, quienes, está probado, no dieron la talla. Los últimos presidentes nombraron clanes que rehusaron dar cuentas claras a la misma Contraloría, lo cual pagamos con malas decisiones, como los $146 millones invertidos en Diquís, en el Pacífico sur, cancelado después de siete años de traspiés. ¡$146 millones derrochados sin pensar en las consecuencias!

El ICE ha sido manejado como propiedad de “ellos”, dígase políticos, sindicalistas y sus trabajadores, y no como lo que es: una de las instituciones más preciadas para los costarricenses. “Ellos” son los responsables de tanta pérdida porque han sido pésimos administradores de lo ajeno. “Ellos” viven hoy en la impunidad.

Contagiaron a la CNFL, donde también colocaron a “su gente”. Allí, la historia es la misma: pérdidas por malas inversiones y por sobrendeudamiento. En la ESPH los problemas son otros: “Debilidades de control financiero”, dice la Contraloría, pues “no cuenta con proyecciones de estados ni análisis financieros a mediano y largo plazo”.

Antes de un gran cortocircuito, los ciudadanos debemos abrir los ojos, informarnos y, sobre todo, cuestionar y exigir a este y a los próximos gobiernos poner profesionales, no amigos, a gobernar entidades que dan servicios esenciales para nuestra calidad de vida y el desarrollo del país. No estamos para que “ellos”, los probados inexpertos, jueguen más con la electricidad y pongan en riesgo el servicio.

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.