Armando Mayorga. 18 diciembre, 2019

“Este año decidí no dar regalos en Navidad y, entonces, ¡hoy me regalé y le regalé a mi gente un desayuno! ¡Mi alma rebosa de alegría! Todos esos corazones juntos (a un tiempo y espacio) palpitando en mi vida, bendiciéndome con su presencia en mis días. ¡Ese Dios tan espléndido! Mágico desayuno. Tatuado en mi álbum de momentos inolvidables”.

Si lo que más nos gusta de la Navidad es estar juntos, lo ideal es celebrarla con familia y amigos, sin la carga emocional y sin el compromiso social de dar bienes materiales.

Mi amiga Lucía Cortés Cantillo hizo público en su Facebook este texto y el encuentro familiar del domingo pasado, con un título que lo dice todo: “Reunión de corazones”.

En mi familia, la decisión la tomamos el año pasado. Renunciamos a los tradicionales regalos y nos damos como obsequio departir en un rico almuerzo fuera de la casa el fin de semana. Sentarnos a la mesa a conversar de todo un poco, fue un alivio a la tensión sufrida años antes, en silencio y en solitario, durante la búsqueda de un obsequio que no teníamos claro si, al final, sería del agrado en la Nochebuena. Todos sufríamos el mismo estrés al pensar qué dar. Ese factor, sin duda, generó que la propuesta de invitarnos a un almuerzo cayera como una bendición del cielo. Lo fue porque nos sucedió como a Lucía, pues los almuerzos se convirtieron en horas que pasamos al álbum de los inolvidables. De hecho, este diciembre ya comenzamos, y puede ser que alguno de los encuentros quede para enero.

Si lo que más nos gusta de la Navidad es estar juntos, lo ideal es celebrarla con familia y amigos, sin la carga emocional y sin el compromiso social de dar bienes materiales. El regalo primordial es la compañía, estar ahí para confirmar el aprecio de unos a otros y agradecer a Dios el don de estar juntos.

Quizás es muy fácil hacer estos cambios cuando en la familia estamos entrados en edad. Muy complicado sería si hay niños, pero, ojalá en los hogares los padres también puedan dar pasos hacia una celebración más fraternal que material.

Hace una semana, un técnico en refrigeración, que perdió su empleo hace año y medio, me contaba que la racha de días de angustia y sin dinero lo llevó a renunciar a una “Navidad material” en el 2018. Le informó a la familia que la Nochebuena iba a ser de amor, y este año será igual, aunque ya tiene ingresos de hasta ¢1 millón como conductor de Uber. Ahora hay plata, pero el concepto de privilegiar la unión familiar prevalecerá. ¡Feliz Navidad!

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.