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Buenos días: Rescatar La Sabana

Hasta ahora, ningún proyecto para combatir la delincuencia en el parque ha sido exitoso.

Considero inadmisible que debamos resignarnos a que el hampa, la promiscuidad y las drogas nos hayan arrebatado el Parque Metropolitano La Sabana. El cobarde asesinato de un joven ingeniero, al tratar de evitar que una mujer fuera asaltada, no solo debe causar indignación, sino también una reacción categórica.

El lamentable hecho, que cubrió de luto a una familia costarricense, no es el primero en este magnífico espacio para la recreación y el deporte. Son muchos los relatos de atletas, transeúntes, vendedores ambulantes y hasta autoridades sobre los peligros y las aberraciones que acechan en el “pulmón de San José”.

“Hay que tener ojos por todo lado”, advierte una diseñadora de modas que suele ir en las mañanas a ejercitarse en La Sabana y ya ha sido víctima de dos intentos de asalto. Sería mezquino no reconocer que, en los últimos años, se han efectuado acciones serias para rescatar La Sabana del abandono.

La construcción del nuevo Estadio Nacional, el proyecto de rearborización, programas para reparar canchas y poner iluminación son parte de esos esfuerzos. Por desgracia, muchas de esas iniciativas, por falta de una vigilancia eficiente, son destruidas por una plaga de personajes oscuros que suelen merodear por allí.

Hace unos meses, el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación (Icoder) propuso rodear el área con una malla y colocar cámaras y puertas de ingreso. La iniciativa fue rechazada por el propio presidente de la República, Carlos Alvarado, al considerar inconveniente restringir el acceso a un espacio público tan visitado.

Alvarado pidió, entonces, analizar otras ideas para resolver el problema de inseguridad en el parque. Lástima que la solución no llegara antes del asesinato del ingeniero.

Unas 38.000 personas visitan a la semana este hermoso paraje en busca de salud física y mental, o simplemente transitan por ahí de paso hacia sus destinos finales. Todas ellas merecen recorrer los senderos, sentarse en las bancas, bordear el lago, jugar en las plazas, cabalgar entre los árboles o comerse un copo sin temores.

Icoder, Fuerza Pública, gobierno y empresa privada deben escuchar el grito anónimo de estas personas. ¡Llegó la hora de rescatar La Sabana!

rmatute@nacion.com

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.

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