Armando Mayorga. Hace 5 días

A estas alturas de la pandemia, no estamos para perder lo ganado. En cuestión de dos meses y medio, la economía se vino al suelo y el desempleo se disparó por los aires debido a las medidas restrictivas tomadas por el gobierno para proteger la salud y la vida de los cinco millones de habitantes.

Ya perdimos dinero, empleos y negocios. Ganamos salud y vida. Es imposible darnos el lujo de perder lo ganado.

Costa Rica no dudó en actuar en esta emergencia sanitaria. En primer lugar, puso al ser humano. En segundo, la economía y el trabajo. Ese fue el costo de oportunidad.

Hasta ahora, 851.000 trabajadores formales, independientes e informales han solicitado el bono proteger por despido, suspensión del contrato o reducción de la jornada o del salario.

Esas 851.000 personas equivalen al 39 % de los trabajadores ocupados del país. Con estas cifras, se deduce que por lo menos 4 de cada 10 trabajadores viven penurias.

A cambio de tanto sufrimiento, tenemos vida y salud. Apenas un 0,0002 % de los habitantes se han enfermado y, lamentablemente, 10 fallecieron. Pero sí, tener esos números costó miles de millones y cientos de miles de empleos.

Por eso, los costarricenses no podemos permitir que la presión por acelerar la reapertura de la economía nos derrumbe lo que tanto nos ha costado.

Es cierto, el conflicto con Nicaragua es mayúsculo porque Daniel Ortega y Rosario Murillo, el matrimonio gobernante en ese país, cerraron el paso de mercancías en la frontera como represalia por las medidas de control sanitario impuestas por Costa Rica con el fin de evitar la entrada de decenas de choferes infectados con el virus.

Lo que hay que tener claro es que ni a Ortega ni a Murillo les importa la vida del prójimo. Ellos pusieron en primer lugar la economía.

En consecuencia, promovieron salir a comprar en molote, pasear en tumultos, pasear en marchas políticas y darse abrazos: “Amor en tiempos de covid” se dejó decir la poeta gobernante, quien, a sabiendas del riesgo para los adultos mayores, se aisló en casa con el marido.

Ceder a las presiones de esos dos irresponsables, como quieren algunos sectores en Costa Rica, es ser igual de irresponsables.

Ya pasamos por donde asustan. Ya perdimos dinero, empleos y negocios. Ganamos salud y vida. Es imposible darnos el lujo de perder lo ganado.

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.