Ronald Matute. 26 diciembre, 2019

Como un Moisés moderno, recién bajado del monte Sinaí, la Conferencia Episcopal nos trae un mandamiento nuevo: no promoverás la norma técnica.

Las mujeres embarazadas ahora tienen una herramienta para proteger su vida cuando está en peligro inminente. No les hagamos más difícil la decisión señalándolas en forma inquisidora.

Los obispos alegan que dicho protocolo abre un portillo para legalizar el aborto libre y que, por tanto, los fieles católicos que hagan campaña en su favor o ayuden a su aplicación serán excluidos de los bienes espirituales que otorga la Iglesia, como la Eucaristía. Resulta sorprendente, y hasta penoso, que líderes espirituales con tanta credibilidad y amplia formación amenacen a sus feligreses con un castigo tan severo a partir de premisas falsas y distorsionadas.

Decir que la norma técnica abre un portillo para el aborto libre es una falsedad del tamaño de la catedral metropolitana, y no se vale anunciar el castigo divino si no se comprende a cabalidad un asunto tan delicado.

La norma técnica no es una ocurrencia maquiavélica de alguien que quiere promover el asesinato masivo de bebés, como sugieren algunos políticos irresponsables. El protocolo llena un vacío que existió durante 50 años, cuando en el Código Penal se introdujo la figura del aborto impune. Dicha figura solo permite, léase muy bien, la interrupción del embarazo cuando está en peligro la vida o la salud de la madre, y cuando tal riesgo no haya podido ser evitado por otros medios. A esta durísima y dolorosa medida solo se recurrirá en casos excepcionales.

Aun así, los médicos tenían temor de practicarla porque consideraban que no estaba claro el procedimiento. ¿Cuántas mujeres habrán vivido en estos años un doble sufrimiento por la pérdida de sus bebés y la posibilidad de morir?

La norma técnica exige un riguroso proceso de evaluación por parte de especialistas en ginecoobstetricia y el consentimiento de la mujer para interrumpir el embarazo. El aborto es ilegal, y así debe continuar; pero las mujeres embarazadas ahora tienen una herramienta para proteger su vida cuando está en peligro inminente. No les hagamos más difícil la decisión señalándolas en forma inquisidora.

Los obispos deben estudiar más a fondo la norma y reunirse con las que han pasado por este trance. Pueden rectificar y educar a sus fieles sobre el tema.

rmatute@nacion.com

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.