Por: Armando Mayorga.   25 julio

Soy un CCSS “lover”. Soy un ICE “lover”. Y soy un UCR, UNA, ITCR y UNED “lover”.

Lo soy porque todas estas instituciones, muchas con ocho décadas de vida, ayudaron (y ayudan) a construir el bienestar del que gozamos.

En dos palabras, la CCSS, el ICE y las universidades estatales son intocables porque los costarricenses nos empobreceríamos si no existieran.

Los costarricenses debemos tener claro que los enemigos de la CCSS, ICE y universidades públicas no están afuera –menos en la prensa– sino adentro

Y, precisamente, por ser intocables, es que los periodistas y medios de comunicación independientes debemos ser críticos de lo que pasa en estas entidades: las están tocando demasiado.

El toqueteo viene desde adentro, desde sus cúpulas gerenciales y de sus sindicatos que perdieron la perspectiva de que estas instituciones son de servicio público, y no para servirse. Ellos, con tanta mano suelta para aprobarse privilegios salariales, debilitan el servicio público porque el costo de planillas sube irracionalmente a causa de los pluses, mientras el servicio público se queda estancado con poca inversión.

Por eso, cuando un periodista titula “Caja pierde $2,2 millones por costoso medicamento”, o “Planta Reventazón parará 6 meses para arreglo de fuga”, o “UCR recibe más fondos, pero crece menos en matrícula” es para poner en evidencia la gestión de políticos, burócratas o sindicalistas de turno. Nunca, nunca, la intención es desacreditar a estas entidades, porque, si algo tenemos claro en La Nación es que son intocables.

Lo más lamentable es que esos políticos, burócratas y sindicalistas que las gobiernan sí se creen, ellos, intocables, y ponen como intocables los privilegios que se han construido sin rango de ley.

En la CCSS, ICE y universidades los pluses son insostenibles. Ejemplo: a quién se le ocurre que a un profesor de la UCR pueda seguir pagándosele un plus de 3,75 % por año laborado… Y muchos más pluses. Eso sí es tocable para que la UCR no solo sobreviva, sino que dé mejor servicio.

Los costarricenses debemos tener claro que los enemigos de la CCSS, ICE y universidades públicas no están afuera –menos en la prensa– sino adentro, enquistados, tomando decisiones que en lugar de mejorar el servicio público, favorecen el autoservicio. Y la misión de un periodista es evidenciarlos.