Ronald Matute. 3 octubre

Cada vez resulta más notorio el envejecimiento de la población costarricense. Basta con observar las filas en bancos y en el Seguro Social para comprobar que la famosa ventanilla preferencial se ve tan congestionada como cualquier otra.

Así lo verifiqué, esta semana, cuando llevé a mi mamá a que le efectuaran un examen de laboratorio en la clínica Clorito Picado, en Cinco Esquinas de Tibás. Una buena cantidad de personas esperaban que les sacaran una muestra de sangre y puedo afirmar que la mayoría de ellas peinaban venerables canas.

Se calcula que en el 2041 el 17 % de los costarricense tendrán más de 65 años y que el porcentaje subirá al 27 % en el 2066.

Aunque el personal médico se esmeraba por agilizar las tomas, los adultos mayores y las embarazadas eran quienes tardaban más en ser atendidos. Tal vez sea una señal de que la famosa fila preferencial se acerca a la obsolescencia y debemos inventar algo para enfrentar los desafíos del futuro cercano.

Estudios demográficos advierten de que los adultos mayores son la población que experimentará mayor incremento relativo en las próximas décadas. Se calcula que en el 2041 el 17 % de los costarricense tendrán más de 65 años y que el porcentaje subirá al 27 % en el 2066. ¿Están preparados nuestros hospitales, clínicas y Ebáis para encarar este significativo cambio en la pirámide poblacional?

Las autoridades del hospital Raúl Blanco Cervantes claman por la construcción de otro centro geriátrico para atender la creciente demanda de servicios. Sin embargo, aún no hay respuesta. Tampoco se ha hallado una solución al hecho de que, en unos años, la cantidad de cotizantes a los regímenes de pensiones no alcanzarán para financiar las jubilaciones.

Mucho menos se ha pensado en las necesidades de ocio, deporte, vivienda, movilización y trabajo que tendrá este grupo. En el país, hay algunas organizaciones e iniciativas estatales que procuran dignificar a nuestros ciudadanos de oro y darles mejor calidad de vida. Lamentablemente, esos esfuerzos no están enlanzados a una estrategia nacional para visualizar cómo estaremos dentro de 20, 30 o 50 años.

No cabe duda de que se hizo tarde para prepararnos para el envejecimiento. Ojalá reaccionemos antes de que la ventanilla especial sea insuficiente.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.