Ronald Matute. Hace 5 días

La dirigencia sindical embarcó a los empleados públicos en una de las huelgas más cínicas de la historia.

Con su verborrea altisonante y apocalíptica (muy ochentera, por cierto), la cúpula gremial fabricó un Frankenstein a la medida para lanzarse contra él a defender sus privilegios salariales.

Los paladines de la seguridad social ocasionaron que muchos pacientes perdieran sus citas médicas

¿La estrategia? Boicotear el proyecto que pretende regular los pluses laborales del sector público, pero sin decirle a la ciudadanía que ese era su objetivo verdadero.

Para lograrlo, había que elevar al rango de monstruo o demonio la reforma fiscal.

Entonces, la dirigencia sindical activó su maquinaria de propaganda salpicada de falsedades, rumores, verdades a medias y contradicciones para confundir y sembrar dudas.

Así pretendía convencer a sus afiliados de unirse a “la lucha patriótica contra los impuestos” y tratar de ganarse la bendición popular.

Pero sus métodos los desenmascaron y, lejos de ganar apoyo, cosecharon repudio.

Los supuestos defensores de los trabajadores mantuvieron a miles de empleados atrapados en el bus, el tren o el carro a la espera de que se levantaran los bloqueos.

Los paladines de la seguridad social ocasionaron que muchos pacientes perdieran sus citas médicas o las cirugías que habían esperado durante meses o años.

Los promotores del desarrollo económico solicitaron obstruir el suministro de combustible para paralizar el transporte de mercaderías y personas.

Los guardianes de la justicia crearon el clima favorable para que algunos de los suyos, y otros ajenos, aprovecharan la ocasión para cometer sabotaje y vandalismo.

Los beneméritos de la educación lograron que sus alumnos sufrieran una pérdida irrecuperable de clases y que los chicos más pobres no fueran al comedor escolar.

Los campeones de la coherencia exigen un mayor esfuerzo fiscal a quienes más ingresos tienen, pero no proponen ni una sola medida concreta para recortar sus privilegios exorbitantes.

Los huelguistas decían que eran mucho más que cuatro gatos. Ojalá todos los bigotes aparezcan cuando haya que dar cuentas por la huelga más cínica, insensible y antipatriótica de la historia.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.