Armando Mayorga.   25 noviembre, 2020

El diálogo multisectorial, que mantuvo ocupado al gobierno durante un mes, conjugó muy bien el verbo acordar: se acordó lo que ya estaba acordado, pero no lo que es necesario acordar.

Todos tenemos claro que en Costa Rica urge consensuar una reforma para resolver los problemas de fondo del Estado porque esos son los que tienen en llamas las finanzas públicas. Sin embargo, nada de eso se acordó, pues los sectores participantes más bien se ocuparon de librarse ellos de acuerdos que los comprometieran a aportar a la solución.

En la imagen, Jorge Coronado, de Bussco. Foto: Roberto Carlos Sánchez/Presidencia

Así, los acuerdos de la mesa de diálogo jamás aplacarán el incendio. Habrá que pedir auxilio una y otra vez a los «bomberos» porque ningún sector pensó en extinguir el origen de la combustión: el creciente gasto público.

Por ejemplo, en los acuerdos no aparece ninguna intención de poner en orden las exoneraciones de impuestos por las cuales el Estado pierde ingresos por ¢2 billones al año (5,7 puntos del PIB).

Sigue, entonces, la fiesta para las grandes cooperativas que durante más de medio siglo no han pagado impuesto sobre la renta, como las demás empresas. Hay un dato que asusta y lo ignoraron: 24 grandes cooperativas tuvieron utilidades por ¢41.000 millones en el 2019, casi idénticas a las de los bancos estatales. Cuando 24 empresas cooperativas generan lo mismo que el Banco de Costa Rica y el Banco Nacional, deberían pagar renta. La mesa debió instar a los diputados a quitarles la etiqueta de «pobrecitas».

Otras dos palabras ausentes en la mesa de diálogo fueron los destinos específicos, pese a que se comen el 82 % de todos los impuestos. Era momento de convenir reformas constitucionales y legales que amarran ese gasto y obligan a giros, haya dinero o no y sin exigir cuentas.

También los sectores olvidaron demandar una reforma del empleo público que ponga orden a las remuneraciones del sector público e imponga un salario global para evitar los abismos que vemos entre personas que hacen un mismo trabajo.

Omisiones hay más. Sin duda, la mesa de diálogo se quedó corta por intereses creados. Se convirtió en un juego de palabras para quedar en lo mismo y acordar lo mismo que estaba acordado.

amayorga@nacion.com