Armando Mayorga. 14 octubre

Al gobierno se le fue la mano con los manifestantes liderados por Célimo Guido y su violenta forma de llevar a un supuesto “Rescate Nacional”. Tanto el presidente, Carlos Alvarado, como el ministro de Seguridad, Michael Soto, han tolerado que ciudadanos inocentes se topen en las calles con vándalos y que los policías sangren en el suelo frente al ojo público por lesiones causadas por delincuentes.

Esa parsimonia con obstructores de carreteras asusta, porque es evidencia de que la mayoría de los habitantes quedamos indefensos ante un movimiento infiltrado por el narcotráfico, como reconoció el líder original, José Miguel Corrales.

Él lo dijo y las acciones lo confirman. Solo un criminal rompe el cráneo a otro ser humano con una vara metálica.

Solo un delincuente lanza rocas contra el cuerpo del prójimo. Solo un forajido delinque y corre a ocultarse, como se ve en los videos de la “manifestación” del lunes enfrente de la Casa Presidencial.

Está bien protestar contra una política pública, pero con respeto, mensaje y decencia. Pero cometer delitos con el fin de joder (sí, joder, y disculpen la palabra) a un pueblo hundido en la recrisis generada por la pandemia, para torcer el brazo a laxas autoridades y desestabilizar el país, debe reprimirse.

La flojera de la Casa Presidencial y del Ministerio de Seguridad es pasmosa, pero la del Ministerio Público y los jueces, la supera.

Con tanto delincuente in fraganti emiten medidas cautelares irrisorias, como “no acercarse a policías”.

Sean serios. Esas respuestas de niña Pochita afianzan la impunidad.

La inacción del presidente y su ministro también es peligrosa ahora y hacia el futuro. Si ellos mismos confirmaron que los delincuentes locales y el narco penetraron los piquetes de “Rescate Nacional”, ¿por qué los toleran? ¿Por qué permiten que policías caigan agredidos por vándalos?

La negligencia y la omisión también son delitos. Por responsabilidad, por la estabilidad del país, es momento de que el gobierno y la Fiscalía se planten contra un desacreditado dirigente como Célimo Guido y la violencia, más que confirmada, de un “Rescate Nacional” que quiere hundir más al país.

amayorga@nacion.com