Armando Mayorga. 13 enero
metanol
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El OIJ se durmió en la «investigación» del aguardiente contaminado con metanol; el Ministerio Público le hace compañía en los ron-qui-dos y la somnolencia contagió al Ministerio de Salud y a las municipalidades, pues, por más muertes, nada, absolutamente nada, pasa.

Esto asusta a cualquiera. Los que producen y venden licor adulterado mataron a 47 personas en el 2019, a 48 en el 2020 y solamente en la primera semana de este año acabaron con 6.

En total, 101 muertes, pero no hay un solo identificado por contaminar, con dolo, el aguardiente. La vista gorda que hacen las entidades da rabia.

Es como si en estos 18 meses no hubiera existido una ola de asesinatos. Sin pena, el Ministerio de Salud publicita cifras gigantes, como, por ejemplo, el decomiso de 16.000 «productos» o la retención de 12.000 envases, pero ¿y los dueños? ¿Qué pasa con ellos? ¿Cómo es posible que, a pesar de tanta botella, el Organismo de Investigación Judicial y el Ministerio Público no tienen a nadie en prisión?

Es más, ¿por qué a estas alturas el Ministerio de Salud y las municipalidades mantienen las patentes a los comerciantes que vendieron el veneno? Todo el peso de la ley debe recaer sobre estos mercaderes y, por lo menos, cerrarles el establecimiento. Merecen sanción porque no es de recibo que aleguen desconocer quién les vendió el bebedizo. Todo pulpero, cantinero o dueño de un abastecedor debe conocer a su proveedor. Es lo lógico, porque se vieron las caras.

El encubrimiento parece ser la constante. Eso es delito. Este caso se aclararía si los comerciantes revelaran quién les surtió el veneno. Con solo ese dato, todo investigador profesional llegaría a los autores y cerebros de la matazón. Aquí no. Por eso, indigna la desidia con la que importantes instituciones toleran el homicidio de hombres y mujeres que, por su limitado presupuesto, pobreza o ignorancia, terminaron en la tumba.

Harta que funcionarios se jacten de enormes decomisos de botellas, o que se den premios por aclarar casos judiciales, cuando los asesinos de esas 101 personas siguen en el negocio impunemente. ¡Venta libre! Hablo por las familias, pero, sobre todo, por los muertos.

amayorga@nacion.com