Armando Mayorga. 28 octubre

El gobierno tiró la toalla en lo referente a la transparencia en algo tan sensible como las convenciones colectivas.

En secreto, el Ministerio de Educación Pública (MEP) negoció costosas prebendas sin tener presupuesto. En sospechoso silencio, la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) pacta otro acuerdo y, si por la víspera se saca el día, los beneficios serán de “refinadora", no de importadora de combustibles.

La directriz que cumplen ministros, viceministros y presidentes ejecutivos para prorrogar privilegios a puerta cerrada es, a todas luces, inmoral, porque la negociación es sobre fondos públicos.

Con secretismo y sin presupuesto aprobado, el MEP se congració con los sindicatos al prometer la inclusión en planilla de 4.000 cocineras que laboran para juntas de educación. Y, para hacer la torta más grande, calculó mal, para pérdida del Estado, lo que ganará cada una.

Con sigilo, también amplió las vacaciones de sus funcionarios (regaló la Semana Santa) y obsequió licencias de tres días por muerte de un abuelo. ¿Adivine quién paga?

Llegamos a un punto en que, por los abusos, se impone como derecho ciudadano que las negociaciones sean de escrutinio público para que el contribuyente se informe qué pactan los políticos-funcionarios.

Tal necesidad la sustentan las decenas de sentencias en las cuales los magistrados se han traído abajo regalías desproporcionadas e irrazonables (gracias a impugnaciones del exdiputado Otto Guevara, entre otros), firmadas por negligentes negociadores.

¿La Fiscalía? Es hora de que cumpla su obligación de investigar a los irresponsables que regalan dinero sin medir consecuencias para las finanzas públicas.

¿Los diputados? Es momento de que exijan acciones para colocar en la negociación a técnicos responsables o representantes multisectoriales que defiendan al contribuyente. A los populistas no se les deja solos.

¿El presidente Carlos Alvarado? Es imperativo que ponga fin al secretismo, a la negociación a puerta cerrada. ¿Qué ley lo ampara? ¿Quién lo ordenó?

El secretismo, está comprobado, resulta en gollerías, máxime cuando se conceden privilegios con dinero ajeno y sin exigir nada a cambio. Ni siquiera, mejor desempeño.

amayorga@nacion.com