Armando Mayorga. 20 febrero

Los diputados han tenido, históricamente, un vicio extremadamente nocivo para la salud del país: las exoneraciones.

Solo durante el gobierno de Luis Guillermo Solís aprobaron 33, con las cuales, el Estado dejará de percibir ingresos por ¢2 billones este año. ¿Y el déficit fiscal? Ninguno de los legisladores, y ningún partido, le dio importancia al faltante de dinero que afronta el fisco.

Las exenciones son como el fútbol de los diputados porque con cada una que golean a Hacienda, la gradería les reacciona con aplausos, vítores y hasta con votos para la próxima elección.

Las exenciones de impuestos, por sí mismas, son positivas, pero el problema es cuando nacen, como ocurre en Costa Rica, con vida eterna, es decir, sin tiempo de caducidad

Ese campo de juego ha estado sin árbitro durante décadas y los diputados, de antes, y los de hoy, han salido corriendo cuando alguien les dice que es momento de hacer marcaje para evitar tanto golazo de cabeza a las finanzas públicas.

Las exenciones de impuestos, por sí mismas, son positivas, pero el problema es cuando nacen, como ocurre en Costa Rica, con vida eterna, es decir, sin tiempo de caducidad. En un principio, la exoneración favorece el crecimiento económico del beneficiado, pero, cuando es de por vida, se le hace dependiente del auxilio, lo cual genera que nunca surja por sí solo.

El proyecto de Ley 19531 propuesto por el Ministerio de Hacienda, precisamente, es como un pitazo final al partido de golazos al Estado: plantea que las nuevas exenciones que aprueben los diputados tengan vida por cinco años. Si el sector favorecido comprueba beneficios, gana la renovación. Es decir, quien demuestra que el costo-beneficio vale la pena, sigue. Aquel que desaprovecha la regalía, pues la pierde.

Es más, el plan crea castigos por mal uso de los incentivos, al punto que Hacienda puede revocarlos, una potestad que hoy no tiene. Así de mal estamos: el 67 % de 440 leyes que fomentan las exoneraciones carecen de mecanismos de control sobre los beneficiarios porque los diputados así lo quisieron.

Resulta preocupante, eso sí, que este urgente proyecto de ley esté varado en la Asamblea Legislativa. Mientras el déficit fiscal está al rojo vivo, los diputados lo tienen en lista de espera, pero por responsabilidad es momento de que se alineen y lo pongan en el área de juego porque las finanzas públicas no están para más golazos.

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.

Twitter: armandomayorga