Armando Mayorga. 18 julio

Hoy, hace 39 años, un martes 19 de julio, fue uno de los días más felices en la historia de Nicaragua, y en la de Costa Rica. La dictadura de cuatro décadas de los Somoza desaparecía con la huída de Anastasio Somoza Debayle hacia Miami y con la entrada a Managua de miles de nicaragüenses que celebraban la victoria de la revolución armada. La tiranía dejaba atrás una lista de más de 30.000 muertos a manos de la homicida Guardia Nacional que los Somoza comandaron.

Ya 12 naciones de América Latina se sumaron a la iniciativa costarricense para exigirle al déspota que pare la represión contra un pueblo prácticamente desarmado

Hoy, hace 39 años, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), al que los costarricenses le prestamos territorio, armas y hasta le dimos hospedaje para sus guerrilleros, abría esperanza de democracia, libertad y mejor vida para un pueblo oprimido por la pobreza.

Hoy, 39 años después, Daniel Ortega Saavedra, uno de los comandantes del FSLN evolucionado a presidente, se convirtió en otro Somoza: es otro genocida porque en solo tres meses de protestas, los policías y paramilitares bajo sus órdenes han matado, al menos, a 350 personas. Es otro Somoza porque ha acumulado una fortuna personal a costa del dinero del pueblo y de “donaciones” encubiertas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, los cuales también han saqueado a Venezuela con su cuento bolivariano.

Si Costa Rica en el pasado fue activo colaborador en la lucha del FSLN, y de Ortega, para derrocar a Somoza, hoy tiene la estatura moral para llamar al orden al genocida.

Ya 12 naciones de América Latina se sumaron a la iniciativa costarricense para exigirle al déspota que pare la represión contra un pueblo prácticamente desarmado.

Sin embargo, el papel de la Organización de Estados Americanos y de su secretario general Luis Almagro es pobrísimo frente al que tiene con Venezuela. Deja mucho que desear, también, Naciones Unidas y la respuesta (pobrísima también) de su secretario general, Antonio Guterres. Estos organismos necesitan despertar, abrir los ojos y, Costa Rica, en unión con otras naciones, tiene esa misión. La otra ruta es la que describió Óscar Arias: acusar al genocida Ortega en la Corte Internacional de Justicia.

Hoy, hace 39 años ayudamos a empoderar a un traidor que mata a su propia gente.