Armando Mayorga. Hace 6 días

Somos un país enjaranado. La deuda pública equivalía en el 2019 al 58 % del producto interno bruto, este año llegará al 70 % y en diciembre del 2021, al 80%.

Olman Segura, director del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe), de la Universidad Nacional, lo explica con el mejor ejemplo: “Es como si una familia tuviera la tarjeta de crédito casi al tope y no tiene cómo pagar los intereses. Entonces, busca otra tarjeta para los intereses de la primera y, ahora, tiene dos tarjetas. Luego tiene una tercera y una cuarta".

Esa es Costa Rica: con deudas hasta el cuello por la ineficiente y, por ello, carísima estructura del Estado. Tenemos 330 instituciones, muchas que hacen lo mismo. Financiamos a 325.000 funcionarios, y muy bien, a sabiendas de que bastantes sobran.

Pagamos pensiones de lujo a exempleados públicos porque era su “derecho”. Construimos obras públicas a lo loco, sin plan, sin preingeniería, pues nos acostumbramos a pagar el doble por todo. Ese decir “de por sí es dinero público” nos pasó la factura.

Por irresponsabilidad mía, suya, de políticos, sindicalistas, de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y las municipalidades llegamos a una puerta sin salida. El Estado está igual que una familia en crisis: “O sacamos a los hijos del colegio o vendemos el carro, o gastamos menos al mes en gasolina, o bajamos las compras”, ejemplificó Segura.

La inacción de los gobiernos, presidentes de la República y diputados anteriores nos puso frente al temido Fondo Monetario Internacional (FMI). Desgraciadamente, es la salida de emergencia. Estamos obligados al ajuste más grande en materia fiscal de los últimos 40 años. Mentira que hay más salidas. Lo que no se hizo en cuatro décadas de dejadez nunca se hará en meses sin la presión del FMI.

Seamos conscientes. Por irresponsabilidad colectiva, por tolerar un Estado tan costoso y por endeudarnos en más de lo que producimos, estamos obligados otra vez a negociar medidas dolorosas con el FMI. Nos la buscamos. Nos buscamos que la disciplina fiscal venga desde fuera porque ninguno, en esta “casa”, logró poner orden. Entonces, a asumir las consecuencias.

amayorga@nacion.com