Armando Mayorga. 27 junio

La situación económica es alarmante. Hay 230.000 personas –10,3 % de la población económicamente activa– que andan en busca de trabajo, pero no encuentran. Yo las tengo en mi entorno y vivo y sufro su angustia porque en todo lado se cierran las puertas.

Las empresas, casi casi todas están recortando inversiones, gastos en la operación diaria y en beneficios salariales. Hay compañías que congelaron los sueldos desde hace meses y, otras, después de probar todo eso, no han tenido más opción que despedir porque los ingresos no dan.

Es claro que la economía se desaceleró y lo peor es que se comporta como estaba en la crisis de los años 2008 y 2009. En abril, la producción apenas creció un 2,8 %, muy por debajo del 3 % promedio de los últimos ocho años. Y, entre más decrezca, más crecerán los despidos porque más empresas se verán ahogadas.

Por eso, quienes tenemos trabajo en la empresa privada nos persignamos, oramos, nos bendecimos y agradecemos a Dios por esa bendición y hasta le rogamos que sea sostenible porque si algo abunda es la incertidumbre... la economía no camina.

Duele, por eso, ver cómo los empleados públicos, aquellos que gozan de decenas de incentivos que les engordan el salario año a año (con o sin mayor productividad; o sin importar si la economía va bien o mal), se van a huelga para defender que los pluses no dejen de crecer. En la boca de los sindicalistas solo se escucha “más, más” salario, pero nada de “mejor, mejor” servicio a los usuarios. A ninguno se le ve angustiado por perder el trabajo porque la economía está en el suelo; se saben intocables, porque el Estado nunca despide a nadie, salvo (y lo digo con ironía) que mate o viole al jefe.

Es hora de que entren en razón. Las finanzas no dan para el creciente gasto en pluses. Estamos en un momento crucial, cuando se requieren medidas responsables.

Los diputados de Liberación, la Unidad, el PAC, Restauración, Frente Amplio y otros deben quitarse su vestimenta populista, dejar de buscar “votos de simpatía” y votar para que Costa Rica sea un país de incentivos salariales racionales y proporcionales. Y, los empleados públicos, que agradezcan por librarse de la angustia del despido.

amayorga@nacion.com

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.