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Acuerdos

Ottón Solís merece doble felicitación. Primero, por impulsar un acuerdo entre nueve partidos para generar una agenda de proyectos; todavía más, por lograr que la iniciativa haya tenido su primer éxito: establecer una “mesa facilitadora” que eche a andar el proceso. De paso, ha quedado en evidencia que la negociación política sí es necesaria y posible. ¿Fin de su satanización? Quizá, pero mejor aún no cantar victoria.

Toco madera porque vengan más logros; por ello me atrevo a plantear algunas ideas a los actores y sus coordinadores, Roberto Artavia, exrector del Incae, y Miguel Gutiérrez Saxe, exdirector del Estado de la Nación. Son estas: busquen lo concreto, opten por la simplicidad, construyan desde lo que une hacia lo que separa, negocien tanto contenidos como procedimientos, no establezcan la unanimidad como regla inflexible y generen confianza actuando. Además, asegúrense de que los negociadores tengan respaldos partidistas para adquirir compromisos.

Don Ottón ha insistido desde el principio en que se negocien proyectos y acciones, no objetivos generales. Así debe ser, para evitar acuerdos ligeros que se transmuten en muros insalvables. Como es imposible el consenso sobre todo lo sustantivo, de poco valdrá el esfuerzo si no conduce al compromiso de dejar votar aquello a lo que una minoría se oponga, pero la mayoría apoye; es decir, renunciar al bloqueo. Y como la suspicacia se ha convertido en una bacteria devoradora de nuestro tejido político, los respaldos partidistas a lo acordado deberían ser explícitos.

El límite para cerrar la agenda de proyectos es marzo próximo, antes de que se desborden los ímpetus electorales. Buena decisión. Pero también debe considerarse que la campaña es una tentación para cambiar pareceres. Otro desafío.

Sobran razones para confiar en la buena voluntad, conocimientos, rectitud y competencia de los coordinadores. Sin embargo, también es bueno recordar que los procesos políticos trascienden los linderos de las investigaciones sociales, las estrategias empresariales y las dinámicas académicas.

Lo anterior me lleva a una última recomendación, esta vez solo a don Ottón, político a pesar de sí mismo: no se aparte de lo que apenas comienza. Recuerde, entre otras cosas, qué sucedió con el PAC cuando lo dejó huérfano tras la aprobación del TLC.

(*) Eduardo Ulibarri es periodista, profesor universitario y diplomático. Consultor en análisis sociopolítico y estrategias de comunicación. Exembajador de Costa Rica ante las Naciones Unidas (2010-2014).

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