Columnistas

74 años de ‘La Nación’: Apuntando el camino

La democracia, sin un debate basado en argumentos fácticos, podría perecer

Hace diez años dejé de trabajar en La Nación. Desde la llanura uno aprecia mejor la importancia de una prensa independiente para la salud democrática del país.

En esta última década, la proliferación de redes sociales, eficaces, pero irresponsables, magnifica la necesidad de un medio riguroso, con principios éticos y el interés público como único norte.

Las redes sociales, en especial Facebook, mediante sus confidenciales algoritmos, han logrado encasillar a los usuarios en grupos según su perfil y preferencias. Así, promueven una discusión extremista que maximiza la interacción y, de paso, sus ingresos publicitarios, pero da muerte al debate moderado.

Ante esta polarización, La Nación reacciona y abre aún más sus espacios tradicionales de opinión tanto en el impreso como en las plataformas digitales. Amplía el espectro ideológico de colaboradores y produce nuevos bloques informativos como “Diálogos” y foros virtuales.

Pero los silos de almacenamiento intelectual no solo conducen a la polarización de opiniones. El aislamiento mental también genera una visión tan deformada de la realidad que algunos hasta la justifican como basada en “hechos alternativos”.

La Nación tampoco ha permitido pasivamente la divulgación de falsedades. “#NoComaCuento” y la sección “Data” surgen como respuesta a las publicaciones mal llamadas “posverdades”; para mí, vulgares mentiras.

“#NoComaCuento”, servicio del que personalmente disfruté en abril del 2018, ha servido como contundente antídoto contra las venenosas y malintencionadas falacias, muchas anónimas, que pululan con impunidad en las redes sociales.

“Data” aprovecha el ilimitado espacio digital para consignar datos en bruto y complementarlos con ilustrativos gráficos que sirven de base al debate nacional.

Tras meses de confinamiento debido a la pandemia, la digitalización del quehacer diario ha incrementado el uso de las redes sociales.

Durante este funesto año, La Nación continúa, ahora con más ahínco, señalando la mentira y desnudando mentirosos como parte de su agenda informativa y editorial.

Solo una prensa independiente contrarresta la preponderancia de estas abusivas plataformas. La democracia sin un debate basado en argumentos fácticos podría perecer. En buena hora La Nación nos ha apuntado el camino desde 1946.

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