17 agosto

Ante el humillante pacto con los sindicatos del sector salud, el presidente, Carlos Alvarado, esgrimió una pobre excusa. Dijo en conferencia de prensa: “No es de recibo que se califique al gobierno de débil o blando cuando ha demostrado querer ordenar las finanzas públicas y querer ordenar la casa”.

Una cosa es querer y otra es poder; el presidente Alvarado no pudo, los sindicatos le torcieron el brazo. Ahora aquí mandan los grupos de presión.

Entre las diferentes versiones acerca de las amenazas dirigidas a Román Macaya y al presidente para rendirse mansamente, se habla de la de los médicos especialistas de cerrar los hospitales. Eso es terrorismo y ningún gobierno negocia con terroristas. Debieron dejar que cumplieran la amenaza y procesarlos por terrorismo.

Nuestra patria está de duelo, su carta magna es pisoteada y negociada. Solo falta que Carlos Alvarado entregue la banda presidencial a alguno de los líderes sindicales.

Rodrigo Herrera R., Heredia

Ejemplo en la CCSS

Tuve que ir a la clínica de Santo Domingo de Heredia cuando había huelga y algunos funcionarios estaban laborando. Los felicito, pues utilizamos los servicios de la Caja Costarricense de Seguro Social porque algún mal nos aqueja.

Cabe recordarles a los huelguistas que la oportunidad de ayudar al prójimo es única y, al abandonar sus puestos, infligieron un daño irreparable a la población necesitada. Espero que no sigan perjudicando a los demás.

Egidio Vargas Durán, Santo Domingo de Heredia

Diferencia laboral

Quedé impresionado, después de leer la publicación en La Nación el 16/8/2019 sobre la abismal diferencia de salarios entre empleados públicos y privados. Los sindicalistas se sienten diferentes, como si fueran parte de una aristocracia a la que los demás mortales de este país debemos rendir pleitesía; y, por lo tanto, no pedirles cuentas de lo que hacen y en lo que gastan los impuestos y demás cargas sociales que pagamos. Ejemplos sobran. Tengo 40 años de vida laboral, 18 de ellos en el sector público, al inicio, y, luego, en el privado. Puedo comparar perfectamente el concepto del valor del dinero en ambos sectores.

En la empresa privada, desde la gerencia hasta el trabajador menos calificado sabe cuidar los activos y que la sostenibilidad de la empresa depende de la eficiencia y eficacia en el uso de los recursos. En mis tiempos en las instituciones públicas, era general el desconocimiento del origen y valor del dinero, sobre todo, cuando se trataba de gastar, no así cuando se trataba de sus salarios o beneficios.

Hace pocos días, un sindicato llenó de improperios a la Contraloría por ajustar hacia abajo ¢600 del monto de viáticos diarios. Todavía sigue ese mal en muchos sectores públicos. Recuerdo que cuando se acercaba el mes de setiembre, nos llegaba una circular para que enviáramos todas las solicitudes de compra posibles de pagar antes de fin de año, con el fin de “gastar el presupuesto” en lo que fuera.

Luis P. Murillo Rodríguez, San José

Tiempo desperdiciado

Diputados, urge que aceleren la ley para regular las huelgas en los servicios esenciales y que se acaben de una vez por todas los bloqueos de vías. El gobierno y la Asamblea tienen que ser firmes ante los sindicatos y los pocos revoltosos que solo defienden sus privilegios. Presidente: ¿Qué pretende usted al reunirse con sindicalistas y los de Medse? El pueblo le agradecerá que utilice su tiempo en cosas importantes para el país

Henry Martínez Gallo, San José

Cobro injustificado

Veinsa me cobró ¢50.850 y lo único que utilizó fue un suministro de ¢6.102 para arreglar un quemacocos que al final quedó igual por falta de repuestos.

Gerardo Arias González, La Unión

Atención médica

Agradezco a la doctora Rosalba García y a su compañero Norman Álvarez, del servicio de Farmacia del Ebáis de La Ribera de Belén por haber atendido con responsabilidad y cariño a decenas de asegurados mientras el resto de los servicios se encontraban paralizados. Ojalá sirvan de ejemplo a quienes tienen el mismo deber como servidores públicos, gracias a las cotizaciones que aportamos a la CCSS.

Estela Alfaro, La Ribera de Belén