13 julio

De manera inexplicable y sorpresiva, recibí un cobro de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz por la suma de ¢1,2 millones, por un pendiente de tres meses. Pero lo que resulta inconcebible y absurdo es que el cobro corresponde al “consumo de electricidad” de un local comercial que ha permanecido desocupado durante 15 meses y el único gasto eléctrico que tiene es un bombillo durante la noche y una alarma.

La Compañía prometió hacer un estudio, eso sí, después del pago de ¢200.000. No obstante, días después, el servicio fue suspendido y el local quedó a oscuras, sin alarma y, por supuesto, a merced del hampa, que ya dos veces lo había visitado. Al poner de nuevo la queja, se instaló la corriente y dos días después fue desconectada de nuevo.

Esta vez la respuesta fue tajante y contundente: la única forma de resolver el problema es mediante un arreglo de pago. Así, me vi obligada a pagar ¢500.000 y el resto, por la misma suma, dentro de seis meses. En síntesis, he debido desembolsar ¢700.000 y asumir una deuda por ¢500.000.

Estimo que este es un proceder absolutamente injusto e inaceptable, que deja al usuario en una situación de impotencia e indefensión. Tengo la plena convicción de que esta prestigiosa entidad demostrará su sentido de justicia y su probidad, reintegrando ese dinero tan injustamente cobrado y pagado.

Estrella Cartín de Guier, San José

Permitir el trabajo

Con llanto acompañé el video del propietario de un vehículo, quien, hincado ante los oficiales de tránsito, solicitaba que no le quitaran su placa. Prevaleció la ley por sobre la humanidad.

En tal situación de angustia, estrechez, inmovilidad en que vivimos, no es posible que se nos acose con la amenaza de perder las placas.

Es que, aun pagando el parte al día siguiente, nos dan 35 días para la devolución de la placa. Solo espero el 7 agosto para que después de una cita, a las 12:30 p. m. pueda retirarlas, y esto si no se amplía el plazo debido a las prohibiciones actuales.

Quienes solo cuentan con su vehículo para trabajar viven la incertidumbre al no poder utilizarlo. Sugiero al Cosevi se les permita circular mientras transcurre el tiempo para retirar las placas. Si lo detuvieran, que el chofer muestre el parte y siga su camino.

Por otro lado, las placas deben ser entregadas por la municipal donde se generó la infracción y no solo en el Cosevi, en La Uruca. Tanto dolor se evitará y la tramitomanía costosa para cada uno de nosotros, los ciudadanos.

Jose A. Paganella Herrera, Santa Ana

Cita cancelada

Las personas afectadas hace tres meses por la cancelación de las pruebas de manejo volvimos a sufrir el mismo problema porque el MOPT no nos da una solución ni traslada las fechas para la siguiente semana.

Nadie va a reponerme el dinero del dictamen médico y el permiso de conducir ni el tiempo perdido. Este proceso va para un año y el MOPT ignora llamadas y correos.

No es justo pasar por lo mismo una y otra vez. Entiendo perfectamente que estamos en una coyuntura muy difícil, pero no es justo que el mismo grupo de personas una y otra vez resultemos afectadas. Necesitamos la solución al problema.

Joseph Hernández Estrada, San José

Bancos cerrados

Tendré que pagar intereses moratorios porque los bancos cerraron toda esta semana en la Gran Área Metropolitana. No me será posible realizar ninguna transacción presencial si fuera necesario hacer un pago de pensión y tarjetas, o transferencias.

Además, puesto que el Gobierno Central paga a los jubilados el 20 de cada mes, es previsible una aglomeración en bancos y otras instituciones financieras. Hay que pagar a tiempo para no perder más dinero del necesario o dejar a alguien sin el sustento. No a todos les gusta o tienen a mano la tecnología para efectuar las transacciones por estos medios.

José Quirós Cartín, Tibás

Deshumanización

Jacques Sagot, en su artículo “Una mandrágora llamada xenofobia”, nos desviste de manera racional; no le quedó un punto fuera.

He sido testigo de cómo el nicaragüense es explotado por sus empleadores, que no son los dueños de las fincas, sino los encargados de traerlos y ubicarlos en tugurios.

Los despojan de sus salarios con precios exorbitantes. Sobre sus espaldas está la economía agropecuaria, pero lo ignoramos, nos negamos a tenderles una mano y humanizarlos. Son personas iguales a los costarricenses, solo que a los nacionales no les gusta la tierra, y aunque los nicaragüenses literalmente hacen “el trabajo sucio”, los degradamos mentalmente.

Patricia Quijano González, San José