18 abril

El editorial del sábado 10 de abril expone uno de los problemas que originan la desigualdad en nuestro país: las pensiones. Es necesaria la promulgación de una ley para resolver el problema porque las vigentes otorgan beneficios para los cuales no se aporta ni un cinco.

Considero oportuno crear una fórmula para recalcular y reajustar todas las pensiones, tomando en cuenta solamente lo cotizado por cada persona a su respectivo régimen.

La injusticia de los privilegios, como señaló el editorial, lo ilustra el Fondo de Retiro de los Empleados de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) para el cual la cotización del empleado es cero. Debe eliminarse. El monto de la reserva podría utilizarse para reforzar el IVM. Los tiempos actuales no están para regalar nada a nadie.

Luis Antonio Jiménez Martínez, Santo Domingo de Heredia

cartas a la columna
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Beneficios absurdos

Ciertos grupos privilegiados viven a costa del resto de la población desde hace muchas décadas. Sindicatos gozan de beneficios absurdos, empresarios y profesionales independientes evaden impuestos como si nada, colegios profesionales eliminan la sana competencia, monopolios públicos y privados abusan del consumidor, hay sectores exentos del pago de impuestos injustificadamente.

El partido en el poder, a pesar de sus errores, defectos y debilidades, en la Asamblea, hace lo necesario para acabar con muchas de esas distorsiones. No es labor sencilla, pues día tras día los medios prestan el micrófono a los favorecidos, que echan y echan tierra a ese esfuerzo porque saben que se les acabó la fiesta.

Felicito a Carlos Alvarado por abordar el problema, a sabiendas de que los grupitos lo atacarán con cuanto medio tengan a su alcance. Ojalá acaben los privilegios causantes de la desigualdad. También, en el manejo de la pandemia, le llueven críticas por tratar de equilibrar economía y salud. Gracias a Alvarado y a sus ministros por el trabajo que llevan a cabo.

Ricardo Garita Murillo, Cartago

Más desaciertos

Como ha sido la constante durante la pandemia, el gobierno tomó medidas apresuradas, esta vez es la restricción vehicular los fines de semana. En vista del aumento de contagiados de covid-19 e incitado por grupos desaforados, sin medir las consecuencias sectoriales y productivas, sus acciones socavan la estabilidad económica y social.

Después explora cómo paliar la merma en los ingresos y trata de compensarla mediante la recaudación de más impuestos a expensas del pueblo.

Existen causas neurálgicas en el aumento de enfermos, como los aforos en el transporte público, bares y restaurantes y las fiestas desautorizadas, etc. Además, el coronavirus ya demostró tener un comportamiento estacional en el mundo, el cual debería ser del dominio técnico de las autoridades de Salud.

Lo vivimos el año pasado. Sin mediar aviso al comercio y la ciudadanía, dos días antes del Día del Padre, el ministro Daniel Salas paralizó el país. ¡Cuánta falta hacen líderes legítimos y visionarios en el gobierno, que asesoren de manera estratégica y racional para evitar decisiones abruptas y emocionales!

José Rugama Hernández, San José

Pago según capacidad económica

Me entristece pensar en la cantidad de jóvenes que cada año sueñan con estudiar en la UCR, la UNA o la UNED y por razones de cupo y promedio de los cortes del examen de admisión quedan fuera.

Muchos de ellos no son hijos de padres con capacidad económica para pagarles una universidad privada, pues el costo promedio mensual alcanza los ¢250.000. Sin opciones de trabajo inmediato por los elevados índices de desempleo, las opciones para pagar la educación son muy pocas. ¡Es sumamente frustrante para los jóvenes!

Si a las universidades públicas se les permitiera, mediante una ley especial, el cobro a los egresados de colegios privados, a los que han pagado durante cinco o seis años, en promedio, ¢400.000 al mes, financiarían con fondos propios gran parte de sus gastos de operación y disminuiría el peso sobre el Estado.

Competirían más libremente por la admisión y por la calidad de su enseñanza, lo que mejoraría la educación en el país.

Soledad Rojas Rodríguez, Curridabat

‘Routers’ dañados

Soporto el mal funcionamiento de Internet desde que empecé a hacer caso a los técnicos de Cabletica, hará seis meses.

En cinco o seis visitas no han podido reparar la avería. Unos dicen una cosa y entre ellos se contradicen. ¿Resultado? El que más sabe no sabe. Estoy sin señal porque no logran entender el funcionamiento de los routers que me vendieron e instalaron.

Me comunicaron con su departamento de ingeniería y, aparentemente, entendieron las causas. Programaron una visita, pero fue cancelada por ellos mismos dos días después sin avisarme, en razón de que la Internet está en perfectas condiciones. No obstante, saben que el problema no es la Internet, sino los routers. ¿Hay alguien con quien hablar seriamente en Cabletica?

Luis Fernando Bruno, Alajuela