20 julio

Soy fiador de una señora que pidió un préstamo en 1999 para comprar una pequeña vivienda por un monto de ¢4 millones, a un plazo de 20 años, que expiraba el 11 de enero del 2019.

Después de pagar ¢17 millones del crédito, entre intereses y principal, faltando tres meses para el tiempo estipulado y pagar el préstamo en su totalidad, le notificaron que debía ¢1.890.000. ¿Cómo pueden suceder cosas así en el Banco Nacional? En 20 años, solo pagó la mitad del préstamo.

Julio Antonio Morera Vargas, San José

Renovar permiso

Después de cuatro años de ir a caminar al plantel de la Municipalidad de San José, en Pavas, me informaron de que debo pedir un nuevo permiso para seguir entrando. Es porque ahora lo alquilan algunas tardes a la semana a un grupo.

Fui este sábado y había 20 autos y motos de personas vendiendo comida en la pista, a pesar de contar con suficiente espacio fuera para parquear. La Policía Municipal vio y no hizo nada.

Mónica Chaves Zamora, Escazú

Respuesta de Ebáis

En respuesta a la carta a la columna de Isidro José Pereira Rojas, publicada el 18 de julio del 2019, aclaramos que hemos corroborado los hechos con el cardiólogo que lo atendió. Ese mismo día, a las 8:30 a. m. ingresó un paciente en condición grave y el médico debió encargarse de la emergencia.

Por ese motivo, le extendemos nuestras más sinceras disculpas por los inconvenientes. Tomaremos medidas para que este tipo de situaciones no se vuelvan a repetir.

Diego Solís Barrantes, encargado de los Ebáis de la Unibe

Sin fibra óptica

Soy un cliente como muchos costarricenses que pagamos los servicios del ICE puntualmente. En mi caso, poseo cuatro números celulares además de Internet, teléfono fijo y cable. Pero desde hace dos años voy a la agencia de San Pedro en Montes de Oca a solicitar un cambio a fibra óptica y ha sido infructuoso, a pesar de vivir a menos de dos kilómetros de la sucursal. He recibido muchas excusas.

Luis Arturo Quesada O., San Pedro de Montes de Oca

No más diputados

Si en el futuro se decide retomar el proyecto para aumentar el número de diputados, antes deben analizar el costo económico para el país, tomando en cuenta dietas, asesores, vehículos, gasolina, viajes, etc.

Además, hay que recordar que las municipalidades tienen autonomía para resolver los problemas de su cantón y en los últimos años han recibido muchos recursos.

Lo que se necesita en la Asamblea Legislativa son personas conscientes de sus responsabilidades, comprometidas con el bien de la ciudadanía, de buena reputación y amantes de la patria, no de sus propios intereses. Que dejen de crear leyes absurdas o sin contenido económico porque solo enmarañan más el Estado. Para ello, no es indispensable contar con tantos títulos académicos, como ha demostrado la historia, sino con estatura moral y ética. Y lo más importante: que no le impongan al pueblo leyes contrarias a su idiosincrasia, por lo que deben consultarnos si queremos más diputados.

Efraín Solís Ureña, San José

Volver a ser ‘pacientes’

La carta a la columna enviada por Isidro José Pereira Rojas, publicada el 18 de julio, removió los sentimientos de tristeza y frustración que sentí en mis últimos años como médico en el Hospital San Juan de Dios, antes de pensionarme.

Aun cuando no es el problema central de su queja, aduce al hecho de que en su Ebáis se utilizan “por todo lado” los términos “usuario” o “cliente” para referirse al paciente.

Esto se ha extendido a todos los centros de atención de la CCSS, y le roban esa condición al ser humano que sufre. Rótulos en la cabecera de la cama de un paciente como “Usuario no vidente” o “Cliente parapléjico”, me llenaban de rabia.

“Cliente”, creo, debe referirse a quien compra en un comercio y “usuario”, a quien paga por un servicio, como el agua o la electricidad. No imagino la reacción de una persona que visitara mi consultorio privado al ser tratada en esa forma.

El uso de tales términos deshumaniza el ejercicio de la medicina y convierten al paciente en un elemento prescindible de “la empresa”. Solo demuestra la intromisión de los mandos administrativos de la institución en el ámbito puramente médico, desvirtuando lo que realmente es su razón de ser: el paciente.

Al cuerpo médico que sin darse cuenta, o por pasividad, ha tolerado esa atrocidad es al que le corresponde, por medio del Colegio de Médicos, eliminar apelativos absurdos, que irrespetan los principios básicos humanistas del ejercicio de nuestra profesión.

Álvaro Castro Poltronieri, San José