5 mayo

Hace unos meses nos mudamos al condominio Saint Honoré, ubicado cerca del parqueo 1 del Hospital México. Durante el primer mes, notamos la frecuencia de los apagones. Ocurren cada tres o cuatro días, con una duración de tres y hasta seis minutos.

Lo reportamos a la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, porque nos preocupa que nuestros electrodomésticos se dañen; además, por el teletrabajo, la electricidad no puede faltar, por más rápido que vuelva, pues el módem debe reiniciarse, y eso impide retomar nuestro trabajo de manera inmediata.

Soy maestra en línea desde hace seis años y los apagones perjudican mi labor. Lo que ocurre con la electricidad en esta zona no es normal y queremos que la Compañía haga una inspección para solventar el problema.

De acuerdo con un registro que llevamos, en abril, nos quedamos sin corriente el 5, de 1:34 p. m. a 1:38 p. m.; el 11, de 9:29 a. m. a 9:34 a. m.; el 22, en la madrugada, porque amaneció todo desprogramado, entre otros enseres, la cocina y el reloj; el 22, de nuevo, de 10:30 p. m. a 10:32 p. m.; el 28, de 12:18 p. m. a 12:23 p. m.; y el 30, a las 2:24 p. m. durante un segundo. Esperamos una pronta respuesta de la CNFL.

Jacqueline López Zeledón, Uruca

cartas a la columna
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Herencia por escrito

El viejo refrán dice que de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco. Como es fácil notar, le falta lo principal y más evidente: de historiador. La historia la describimos de modo escrito, verbal, etc. y puedo dar por cierto que todos somos eso, historiadores más que de lo otro.

Desde que comenzó la pandemia he guardado seis kilos de páginas enteras de periódico con todas las publicaciones de La Nación, y esas, debidamente empastadas, serán para mi pequeño bisnieto Mateo.

Si sobrevivimos a esta situación, dentro de unos años, juntos podremos analizar paso a paso la amarga experiencia por la que hoy pasamos, gracias a los extensos reportajes o noticias impresas.

Rigoberto Guadamuz Monge, Desamparados

Falta de variedad

Me uno a las palabras de desaliento de Alfredo Solano López (La Nación, 3/5/2021) en lo que respecta a la pobreza léxica de los periodistas de los noticiarios. No se trata solo de la repetición hasta el hartazgo de las mismas palabras que, como señala Solano, son un tormento para el oído de quienes las escuchamos narradas con cinco palabras, sino, peor aún, la utilización incorrecta de muchas de ellas (accesar, ocupar, femicidio).

Deberían enseñarles y obligarlos a incluir en su escaso vocabulario el uso de sinónimos para hacer las noticias un poco menos aburridas. Aprovecho para resaltar que las vacunas no se colocan, se aplican o administran.

Patricia Odio Yglesias, Pozos de Santa Ana

Salas errado

Cada vez que Daniel Salas hace su aparición es para mostrar su genio, alarma e intolerancia, además de la incertidumbre reiterada que producen en la ciudadanía las medidas en vista del aumento de enfermos.

En el programa de canal 7 Estado nacional, del 2 de mayo, los científicos invitados explicaron con pericia la situación actual de la pandemia. Prueban que para establecer la restricción vehicular se utilizó el mismo modelo matemático, por lo que el resultado, esta vez, no será el mismo.

Sacerdotes y fieles mostraron su disconformidad al Ministerio de Salud y la Conferencia Episcopal por el disfrazado cierre de los templos sin evidencia técnica del número de contagiados. A las iglesias católicas no asiste ni un 25 % de los creyentes. La espiritualidad, sin importar credo, es trascendental para sobrellevar tribulaciones.

Demando organizaciones y medios sociales más críticos, apegados a la evidencia de los especialistas, lejos de la manía de ser complacientes y fustigar con todas las decisiones del Ministerio de Salud, ya que el frío no está en las cobijas. La inconsciencia y la irresponsabilidad de algunas personas está más que demostrada al incumplir los protocolos y no escuchar exhortaciones.

José Rugama Hernández, San José

Citas para depilación

El 10 de octubre del 2020 compré un paquete de depilación con láser a la empresa Eurolaser. El contrato dice que las citas son mensuales y a partir de la sétima, cada dos meses previa valoración.

Al 1.° de mayo apenas había recibido tres tratamientos, porque los programan cada dos meses, aproximadamente, el siguiente está para el 7 de julio, es decir, dentro de cuatro meses.

Aunque la sesión del 1.° de mayo la tenía a las 3:30 p. m., se negaron a atenderme aduciendo que me habían llamado para reprogramarla. Debido a mi insistencia, solo recibí un trato descortés. Los constantes incumplimientos, cuando menos tres en pocos meses, son indignantes. Exijo se respeten los términos del contrato.

Rosa Aragón González, Alajuela