14 julio

Hace algunas semanas, mi firma digital dejó de funcionar, intenté resolver el problema con asistencia del centro de atención telefónica, pero solamente me podían atender durante 10 minutos. Obviamente, por cada nueva llamada, el operador utilizaba el mismo protocolo para tratar de ayudarme a identificar el error, hasta que debíamos colgar. Luego, tenía que telefonear de nuevo, pero como no me contestaba nunca la misma persona, empezábamos de cero.

Después de cinco o seis intentos desistí y no he podido volver a utilizar la firma digital. ¿Alguien en el Sistema Nacional de Firma Digital es capaz de pensar más allá del procedimiento, norma o protocolo? ¿O mejor pongo una denuncia ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) por los daños económicos causados al no poder utilizar mi firma digital para concursar por consultorías?

Erick M. Brenes Mata, Rohrmoser

Buen trabajo

El progreso que ha mostrado Setena en cuanto a agilidad es impresionante. Debo mencionar que bajo la dirección de la viceministra Celeste López los trámites se agilizaron un 100 %. Necesitamos gente como ella, eficiente y con ganas de hacer las cosas. La felicito.

Joaquín Gamboa Zavaleta, San José

Cobro por saber

Escuchamos quejas y posibles soluciones a problemas cotidianos como los expresados por María Morales en su carta a La Nación publicada este domingo, sobre los trabajadores informales. Lo que no se vale es reprochar que por un trabajo que le efectuaron, como fue quitar y poner una llave de la ducha, le cobraran ¢25.000; luego, por un destaqueo del inodoro, le facturaran ¢35.000, problema que, según ella, era fácil de resolver.

Esta ha sido la constante, quieren que los informales regalen el trabajo. La gente cobra por lo que sabe, no por lo que hace. Si fuera tan sencillo, cualquiera lo haría y ella se ahorraría el dinero.

Óscar Ugarte Soto, Desamparados

Doble nacionalidad

Oyendo los problemas de los indígenas ngäbes, transfronterizos, de Costa Rica y Panamá, sugiero darles la doble nacionalidad por ser ellos quienes fundaron sus pueblos entre nuestros dos países, y con ellos nuestras raíces más profundas, antes de que se establecieran las fronteras.

De esa forma, se les atendería en ambos países en las instituciones públicas, sin tanta burocracia y peros. Se pudo con el astronauta Franklin Chang, ¿no podemos de ahora en adelante ver a los ngäbes como costarricenses panameños? Dejemos las discriminaciones porque descendemos de ellos.

Randall García Chacón, Alajuela

Postre dominical

La “Revista Dominical” de La Nación es compañera amigable e insustituible durante el desayuno más disfrutado de la semana. Con textura y atractiva portada, invita a ser leída; es un compendio de notas curiosas y datos interesantes.

Los temas desarrollados en los artículos son escritos por periodistas y comentaristas destacados. Narran historias de la vida real, aventuras y viajes; exaltan acciones de personajes sobresalientes, pasajes históricos y temas políticos, entre otros. Al final, el “Álbum”, fotos viejas que algunos comparten, con su eslogan “Recordar es vivir”.

Cecilia Prestinary Montero, San José

Sin dinero

¿Quién no sabe que no es posible hacer chocolate sin cacao? Y si lo reconocen así, ¿cómo esperar que ese sea un acto mágico cotidiano? Lo digo, pues en Setena (evaluaciones ambientales), en Senara (aguas subterráneas), en el Sinac (áreas protegidas), en el Incopesca (investigación de recursos marinos), en la Dirección de Aguas (concesiones), en el AyA (construcción de cañerías para agua potable), en municipalidades (permisos de construcción), en el Ministerio de Salud (uso de venenos en agricultura), etc., no cuentan con recursos financieros para cumplir eficientemente con su deber.

Todos esos entes del Estado no tienen dinero y no se vislumbran siquiera propuestas para fortalecer sus necesidades más urgentes porque sus jerarcas no se atreven a cuestionar con la energía y los argumentos necesarios las determinaciones del Ministerio de Hacienda. Acciones hacendarias muchas veces casi dictadas por las “academias” privadas que, paradójicamente, exigen agilidad en la tramitomanía mientras pretenden disminuir la inversión pública, o sea, el cacao necesario.

Freddy Pacheco León, Heredia