14 septiembre, 2020

El domingo 6 de setiembre llamé al 911 por una emergencia policial en la propiedad de un vecino que no estaba en la casa. Telefoneé tres veces y no obtuve contestación.

Este es el único número telefónico que tenemos para pedir ayuda como ciudadanos cuando se produce una emergencia, y no obtener ayuda significa prácticamente la quiebra del Estado en cuestión de seguridad ciudadana.

Si ahí no contestan, ¿a quién más podemos pedir auxilio? Sería ridículo esgrimir la excusa de la pandemia o la hora o el día, simplemente lo que pudo ser un asesinato, un incendio o un robo no fue atendido por el único medio que tenemos para pedir ayuda.

Esto porque si uno llama, por ejemplo, a la policía del cantón, dirán que todo trámite debe hacerse por medio del 911, por más emergencia que sea. ¿Inaudito verdad?

Al llamar al día siguiente, se me dijo que en cuatro días hábiles enviarían una contestación a mi queja por medio de un mensaje por correo electrónico.

Han pasado nueve días y sigo sin respuesta. No es mi intención demeritar su trabajo; sin embargo, su misión es tan importante para el país que debemos denunciar cuando una sola vez no cumplen su vital labor.

Luis Fernando Bruno Guzmán, San José

Caso de la defensora

Por el principio de legalidad, ningún órgano del Estado puede crear procedimientos ad hoc. Por consiguiente, la Asamblea Legislativa debe hacer justicia “en estricta conformidad con las leyes” (artículo 41 de la Constitución).

Fue un error del Congreso crear un procedimiento público ad hoc e invocar a favor del voto nominal un fallo de la Sala Constitucional del 2014, que expresa que las actuaciones de la Asamblea Legislativa deben ser públicas.

Pero hay que advertir que ese fallo es genérico y se refiere al procedimiento parlamentario, al ejercicio de la función ordinaria y principal de la Asamblea, que es legislar.

Pero esta tiene competencias de carácter administrativo, como la contratación de bienes y servicios, la administración de su personal, etc., y una competencia administrativa especial: revocar nombramientos, como los de los magistrados, el de la defensora de los habitantes, etc.

Una vez recibido el informe de la comisión, en ausencia de una norma especial, los diputados deben actuar de conformidad con los procedimientos establecidos en la Ley General de la Administración Pública.

Del conjunto de reglas, queda claro que la audiencia es privada y la votación es secreta; que deben respetarse los derechos subjetivos e intereses legítimos del administrado.

Por tanto, deben respetarse los derechos a la honra y a la privacidad individual y familiar. Las audiencias públicas en un procedimiento disciplinario violan esos derechos. El control disciplinario o político no debe rebasar el control de la función pública.

Galo Vicente Guerra Cobo, Aranjuez

Nuestra historia

Costa Rica cumple 199 años de historia. Días que pasaron, meses que volaron, años que construyeron la historia de un país. Gente trabajadora, familias, indígenas, paz, mares y cordilleras. Volcanes y temblores. Naturaleza y ciudad. Desfiles y faroles. Vestidos y símbolos nacionales. Norte, sur, este y oeste. Esto es Costa Rica.

Son los días que vivimos, los meses que trabajamos, los años que compartimos y en los que departimos. Recordamos poco y olvidamos mucho. Trabajamos mucho, pero cultivamos poco. No olvidemos nuestra historia. Un país apenas en vías de desarrollo. Niño, adolescente y luego adulto. Un poco enfermo. ¿Qué hacer para cuidarlo? Atender al médico: cuidar los números, ayudar a los que gobiernan, respetar a los demás, tomar mejores decisiones.

Cuidar el patrimonio que nuestros abuelos y padres nos han legado. No pongamos la pandemia como la protagonista de nuestra historia. Costa Rica fue primero. Es lo primero. Estamos entre la espada y la pared. Necesitamos la vacuna necesaria para levantar nuestro país: compromiso, humildad, ética.

Tomar conciencia y actuar. Justicia. Virtudes. Hombres y mujeres como los primeros en declarar la independencia. Insisto, la pandemia pasará, pero Costa Rica no. No olvidemos nuestra historia. No olvidemos quienes somos. No olvidemos a nuestro país.

Marianne Odio Fonseca, San José