Ronald Matute.   13 junio

Es un momento inoportuno para comenzar una huelga. Pero ¿qué importa el país cuando se trata de defender privilegios? El desempleo y el letargo de la economía vacían la mesa de muchos hogares y el mostrador de los negocios. Pero ¿qué más da iniciar otro conflicto social?

Miles de alumnos perdieron 89 días de clases, el año pasado, debido a las protestas contra el plan fiscal. Pero ¿qué importa seguir boicoteando a las nuevas generaciones? Tal parece que la dirigencia de la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) se siente en estado de gracia cuando activa el modo huelga.

Esta asociación fue, precisamente, la última en deponer el movimiento que los sindicatos públicos desplegaron en el 2018 contra la reforma tributaria. Cómo no se va a sentir cómoda la feligresía de APSE si los vacíos de la legislación actual le conceden un fuero casi de intocable.

Recordemos que las rebuscadas interpretaciones de los jueces ya han permitido que la vagabundería y el abandono laborales queden impunes. Recordemos la burla de los huelguistas que se fueron de viaje al exterior y la irresponsabilidad de otros quienes dejaron a sus alumnos enfrentarse solos a las pruebas de bachillerato. Recordemos que algunos educadores incluso exigieron el pago de sus pluses salariales como si se hubieran presentado a dar clases.

Ahora, APSE suena los tambores de huelga contra dos proyectos que atentan contra el conveniente estado de las cosas.

La reforma al empleo público, por ejemplo, propone un sistema de salario único para los futuros empleados, lo cual eliminaría la creciente piñata que representan los incentivos laborales. El otro plan incluye a la educación y los comedores escolares en la lista de servicios públicos esenciales en los que las huelgas están prohibidas.

La Asociación ya intentó paralizar las clases varios días, pero con poco éxito, y ahora amenaza con irse a huelga definitiva después de vacaciones de medio año.

Este movimiento anticlimático demuestra cuán lejos están los intereses gremiales de los asuntos que más apremian hoy a los costarricenses.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.