Deserción ganó terreno en siete de cada 100 colegios del país

Consulte en el mapa cuántos puntos varió la deserción en 643 centros educativos. También utilice el panel de la izquierda para conocer y comparar los datos totales de matrícula y abandono de su institución.

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Nota: la comparación sólo puede hacerse entre igual tipo de colegio. El análisis de cifras fue hecho por La Nación a partir de bases de datos del MEP

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Deserción en rojo

Para diciembre del año pasado, casi la mitad de los pupitres del colegio nocturno Alfredo González Flores, en el centro de Heredia, se había quedado sin dueño. De sus aulas se esfumaron 579 de los 1.313 alumnos matriculados a inicios de año (44%). En el tercer nocturno más grande del país, los salones de clase están cada vez más vacíos. Sus cifras de abandono ascienden desde 2011, cuando 30 de cada 100 estudiantes no regresaron a clases.

Ese colegio herediano forma parte de las siete de cada 100 secundarias a las que se les salió de las manos el control de la deserción estudiantil. En ese 7% de instituciones, que suman 44, no solo fue imposible contener la fuga de 2.045 alumnos en 2011, sino que esa cifra se duplicó hasta alcanzar los 4.400 jóvenes el año pasado.

El deterioro de los números lo evidencia un estudio hecho por La Nación a partir del análisis de bases de datos de matrícula y #desercióncr, de 643 centros públicos en todo el país entre 2011 y 2013.

Las causas detrás de la salida de alumnos varían dependiendo de la ubicación geográfica de cada uno de esos colegios y de si son diurnos o nocturnos. Por ejemplo, en el Alfredo González Flores achacan el alto abandono al desinterés de los alumnos y a la inseguridad en los alrededores del liceo.

Mientras tanto, en el Liceo Diurno Rodrigo Solano Quirós, en Siquirres de Limón, ven a la pobreza como el principal detonante. En ese centro, el 31% de los estudiantes (158) renunció a los libros el año pasado. En 2011, la cifra fue de 7%. El empeoramiento del indicador de deserción en el Rodrigo Solano fue el más grave entre todas las secundarias examinadas.

Otros factores que propician el abandono son los embarazos adolescentes y la distancia entre la casa y el centro educativo de los jóvenes. En general, los muchachos más susceptibles a salir del colegio son los que cursan el séptimo año, seguidos por los de décimo.

Factores de fuga

El director de este colegio habla de alumnos que se matriculan, pero no van a clases. Lo hacen para cumplir medidas cautelares, por ejemplo.

El creciente abandono estudiantil se concentra en 18 de las 27 direcciones regionales del Ministerio de Educación Pública (MEP), pero el foco principal está en las de Puntarenas y Liberia. En casi una quinta parte de sus instituciones, la deserción no paró de subir, (3 y 4 colegios, respectivamente). También encabezan esa lista las regionales de Santa Cruz, la Zona Norte y Limón, donde más de una décima parte de sus centros presenta el problema.

Al dejar inconcluso el colegio, cada uno de los desertores está sentenciado a ganar un salario hasta un 20% menor por el resto de su vida, advierte un estudio de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal).

La condena remacha sobre la realidad en las zonas costeras y limítrofes, donde tradicionalmente es bajo el desarrollo, comenta Dagoberto Murillo, investigador del programa Estado de la Educación. Esas regiones también sufren mayores brechas en el acceso a tecnología y en la oferta educativa, lo cual hace más empinado el camino para derrotar la deserción.

Falta de comunicación debilita lucha contra deserción

En la última década, el país redobló esfuerzos para aminorar la fuga de alumnos y mejorar la calidad de la enseñanza. Se impulsaron programas de becas como las de Avancemos del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y subió la inversión en infraestructura a más de ¢30.000 millones anuales en el último trienio.

A las ayudas socioeconómicas se sumaron el fomento del arte, la promoción del deporte, los cambios en los programas de estudio y reformas como el el “arrastre” de materias para que los estudiantes solo repitan las asignaturas perdidas.

Sin embargo, esas estrategias no dan frutos por igual en todos los colegios. Eso se debe, en gran medida, a la falta de coordinación entre las instituciones que intervienen en la educación de los jóvenes, advierte Isabel Román, coordinadora del programa Estado de la Educación.

Dependiendo del contexto del alumno, el abordaje integral podría incluir no solo al MEP y al IMAS, sino también al Patronato Nacional de la Infancia (PANI), el Ministerio de Salud, el Ministerio de Trabajo y hasta a la Fuerza Pública.

“En algunos colegios parece haber una sinergia virtuosa, pero en otros más bien estamos ante una enorme desconexión con pocos resultados. Es lo que pasa con Avancemos: das la beca, pero no hay un seguimiento cuerpo a cuerpo para ver cómo le está yendo al chico y qué apoyo necesita”, subraya Román.

Producto de esa carencia se desaprovecha la posibilidad de vigilar aspectos como el rendimiento y las ausencias de los beneficiarios, que podrían alertar sobre cuándo intervenir, critica Jennyfer León, investigadora del Estado de la Educación.

“Entregar un cheque de Avancemos es exactamente como cuando un banco da un préstamo y se le otorga el derecho de acceder a la información y monitorear al cliente”, afirma. + Leer más... Sistema de alerta

Los pendientes de la educación

De cara a las transformaciones que este siglo ha traído a la forma de enseñar, cada uno de estos expertos plantea un reto que la educación costarricense debe acometer para formar mejor a los jóvenes.

Isabel Román

Coordinadora de Investigación
Informe Estado de la Educación

"Es indispensable elevar la calidad de los docentes que están al frente de las aulas y que día a día interactúan con nuestros jóvenes"

Jennifer León

investigadora del Informe
Estado de la Educación

"Hace falta implementar estrategias de atención diferenciada porque son muy distintos los factores que influyen para que un estudiante deserte"

Mauricio Portillo

Fundador Iniciativa
contra la Deserción

"Hay que entender la deserción como un proceso y no un evento. Señales como ausentismo y bajas notas permitirían crear un sistema de alerta temprana"

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