Patricia Recio.   6 febrero
Esta poza que se forma en el afluente del río Macho en Coronado es uno de los sitios favoritos de los "bañistas", quienes ingresan de manera ilegal a la finca del AyA donde se encuentra la toma. Foto Jeffrey Zamora

Los fines de semana, las fuentes de agua que abastecen a los habitantes del área metropolitana también se convierten en balnearios y zonas para acampar, por parte de vándalos que ingresan ilegalmente a estos terrenos del AyA.

De esta forma, como si no fuera suficiente la sequía que afrontan, ahora también son objeto de daños y desechos por parte de los “bañistas” que irrumpen en los sitio, pese a rótulos que advierten que son propiedad del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA).

Así lo han descubierto los operarios de la institución que se ocupan cada día de limpiar estos sistemas, quienes, en ocasiones, se encuentran con concurridos balnearios, depósitos de basura y hasta personas acampando en áreas donde se supone está prohibido el ingreso de particulares pues están las tomas de agua para consumo humano.

Los visitantes, incluso, tapan con plásticos, piedras y sacos el punto donde el agua entra a los sistemas del AyA, con la intención de aumentar la profundidad de las pozas del río Macho.

Han sido capaces, además, de dañar las instalaciones a fin de poder disfrutar mejor su chapuzón.

Por ejemplo, en la toma de San Rafael de Coronado, hace pocos días hubo que sustituir la malla que protege la toma. Esa no fue la primera vez, pues la cortan con mucha frecuencia para lanzarse a la poza desde un muro, como describió Jonathan Guzmán, uno de los trabajadores.

Él es parte de la cuadrilla responsable de limpiar las tomas hasta dos veces al día, principalmente, cuando el encargado del sistema los alerta sobre una baja repentina en el suministro. La razón, es que, de seguro, encontrarán objetos o basura que impiden el ingreso del líquido.

Uno de los problemas más frecuentes con que se topan los operarios es que se bloquea el ingreso de agua a la toma. Lo hacen para aumentar la profundidad de la poza. Foto Jeffrey Zamora

En un recorrido que realizó un equipo de La Nación, se observó basura en las orillas del afluente del río Macho en San Rafael de Coronado, incluso, sobre las tapas de registro quedaban restos de una fogata.

Mientras tanto, en las captaciones del río Virilla en La Nubes, también de Coronado, y la de Purral de Goicoechea, los principales problemas tienen que ver con el robo de materiales y depósito de basura.

En esos sectores, constantemente se deben sustituir las rejillas para filtrar el agua que ingresa a los sistemas, pues se las roban. Igualmente, los vándalos sustraen las tapas de registro y hasta los cables que necesitan los funcionarios para hacer la limpieza en caso de crecida del caudal.

La rejilla que se utiliza para colar los materiales que podrían contaminar el agua es con frecuente robada por los vándalos que ingresan a las tomas. Foto Jeffrey Zamora

“Aquí uno de los problemas más grandes que tenemos en verano es el vandalismo, nos roban las tapas de metal, hasta la línea de vida que es importantísimo porque es la seguridad a la hora de meternos a la captación.

"Ayer (miércoles) a la 1:30 p.m., el operador nos llamó (el encargado) porque el caudal se había disminuido de 42 litros y ya iba por 36 litros por segundo. Cuando vinimos a hacer la revisión encontramos sacos, basura e incluso unos plásticos que nos tapaban la parrilla, eso hace que el caudal no sea captado viéndose afectada la población”, relató Guzmán.

Esas acciones provocan que se suspenda o disminuya el suministro del líquido, mientras se retiran los materiales que afectan la captación, que es la primera etapa del sistema.

Tras ser captada, el agua es llevada a desarenadores donde se realiza un segundo filtrado y posteriormente se traslada a la planta potabilizadora. Ahí también recibe filtración y tratamiento hasta ser apta para consumo.

Además de exponerse a sanciones por parte de las autoridades por ingresar a una propiedad restringida, quienes realizan estos actos ponen en riesgo su vida.

“La gente viene a bañarse y aquí está soleado, pero es esta parte, arriba no nos damos cuenta que está lloviendo y en cualquier momento puede bajar una cabeza de agua. En la otra toma (la de río Macho) ha habido ahogados porque la corriente los arrastró”, dijo Guzmán.

A pesar de los múltiples letreros donde se indica que el agua en esos sitios es para consumo, hay quienes llegan a tirar basura de todo tipo, bañarse o consumir alcohol. Foto Jeffrey Zamora

Atados de manos

La presidenta ejecutiva del AyA, Yamileth Astorga, aseguró que se trata de un tema de consideración, pues al final quienes resultan afectados son los mismos pobladores.

Aseguró que el problema de vandalismo se presenta en casi todas las tomas superficiales en donde se requiere tener desarenadores (sistemas para filtrar el agua que se capta).

En total, la Gran Área Metropolitana (GAM) es abastecida por 29 captaciones de tipo superficial (ríos, quebradas y nacientes).

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Según dijo, la institución además tiene pocas herramientas para hacer frente a este problemática ya que la Ley de Aguas vigente, data de hace casi 80 años y no tipifica ese mal uso de las fuentes como un delito.

“El AyA no tiene potestad para decir ‘no entre’. Si entra por propiedad privada sí, porque están ingresando por propiedad privada, pero si entran por el cauce no podemos hacer nada” , sentenció.

La jerarca insistió en que se trata de hacer conciencia de que estos actos contaminan y afectan el agua que utilizan los mismos vecinos.

En muchas de estas tomas, dijo Astorga, también se deben enfrentar a conflictos por el uso del agua, ya que hay personas que captan el líquido aguas arriba para usarla en lecherías o fincas.

El afluente del río Virilla es uno de los que más ha disminuido su caudal.La toma ubicada en Las Nubes de Coronado es además una de las que más sufre por robos y daños a la propiedad. Foto Jeffrey Zamora

De acuerdo con los datos de la institución, la época lluviosa del 2019 dejó un faltante de agua de 21% .

Por ejemplo, en una de las tomas visitadas este jueves, el caudal bajó de 300 litros por segundo en noviembre del año pasado a 243 litros por segundo.

Esa reducción general, implica que durante este verano unas 400.000 personas sufran racionamientos.