25 julio, 2012
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La Cruz. Guanacaste. Las evidencias de rezago y pobreza están más acentuadas en La Cruz que en cualquier otra parte de Guanacaste.

En los 1.383 km² que tiene este cantón fronterizo con Nicaragua, es más sencillo observar viviendas en mal estado, así como encontrar personas que no saben leer ni escribir, pues el analfabetismo es del 6,23%, el más alto de la provincia.

Además, solo el 62,5% de sus 19.181 pobladores tiene acceso a telecomunicaciones, lo cual significa que es habitual que los vecinos no tengan Internet, telefonía celular o fija, televisión por cable o una computadora.

Una muestra es que ahí solo el 25,47% de los mayores de cinco años usa Internet, mientras que en el vecino cantón de Liberia lo hace el 43,41%, según datos revelados en mayo pasado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

También quedan unos cuantos poblados sin agua potable, como Los Mangos, situación que enfrentan lugareños como María Leticia Martínez.

La Cruz celebra hoy el 188 aniversario de la Anexión del Partido de Nicoya con la etiqueta de ser el municipio menos desarrollado de la Región Chorotega.

En el índice de desarrollo humano ocupa el puesto 69 entre los 81 cantones, y está por detrás de todos sus vecinos. Además, los habitantes de La Cruz tienen menor poder adquisitivo que los de otras zonas, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Contrastes. Lo paradójico es que por sus calles pasan millones de dólares anuales en mercancías que se venden a Centroamérica cada año.

Pero eso ni siquiera salpica a la mayoría de sus habitantes, como por ejemplo a Alberto Mendoza Moraga, persona de 60 años y con discapacidad, quien vive en el poblado de Sonzapote.

Su casa es un cuarto que se inunda en el invierno, y que tiene una especie de corredor donde está una pequeña plantilla.

A un lado, en un planché, tienen el inodoro y un baño, apenas tapados con una vieja tela roja con dibujos de venados. También la usa la familia de uno de sus hijos, que vive en una condición similar.

“Trabajé volando cuchillo, pero ahora no puedo. Cuando tenía dos años, me dio polio y con el tiempo se me encogieron los tendones y, tras de eso, me fracturé un tobillo hace 15 años cuando venía de sembrar maíz”, narró Mendoza.

Ese accidente se agravó porque Mendoza nunca fue a la clínica; creyó que se curaba con masajes.

Ahora pasa gran parte del día acostado o en una silla de ruedas que le consiguió una trabajadora social del Hospital de Liberia.

En La Cruz ni siquiera hay una organización reconocida por la Junta de Protección Social que tramite ese tipo de ayudas, pese a que el 9,37% de su población tiene alguna discapacidad.

Junto con su esposa, Cecilia Álvarez Mendoza, de 62 años, vive con ¢50.000 mensuales que les da el Instituto Mixto de Ayuda Social.

Con ese dinero compran lo básico: arroz, frijoles, azúcar, café, aceite, frescos y pollo. Esto, sin embargo, no les arrebata la alegría.

“Nosotros no nos quejamos. Tenemos luz y agua potable, pero lo ideal es que haya empleo”, opinó.

Esa petición de más fuentes de trabajo también tiene eco en otros lugareños de este cantón fronterizo con Nicaragua, como Petrona Canales, quien tiene 44 años.

En el horizonte. Quienes buscan un empleo en La Cruz, deben conformarse con labores agrícolas o, si tienen un poco de suerte, en alguno de los pocos comercios.

No obstante, la Municipalidad ya echó a andar un plan para atraer inversionistas, sobre todo en turismo. Incluso, está a punto de terminar un mirador con vista a bahía Salinas, y que tendrá restaurante y cuatro locales comerciales, que dará en arrendamiento.

El vicealcalde, Luis Alonso Alán, prometió que serán muy cuidadosos al escoger a quienes desean abrir negocios, pues no quieren destrucción de la naturaleza, casinos o turismo sexual.

También dijo que le dan mucho empuje a la educación, por lo que invierten en escuelas y colegios, para tener personal calificado para cuando lleguen esas inversiones... La esperanza es que sea pronto.