Juan Diego Córdoba.   21 mayo
El viernes a media mañana, en la terminal de Japdeva, Gastón Kogan, en Moín, no había actividad alguna. Fotografía: Jorge Castillo

Limón. La escasa llegada de embarcaciones comerciales al muelle de Japdeva en Moín, Limón, tiene a los operadores portuarios solo cumpliendo horario, pero sin trabajo que hacer.

Para la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico (Japdeva) la carga comercial se redujo 70% desde febrero, cuando la nueva Terminal de Contenedores de Moín (TCM), concesionada a la empresa APM Terminals, asumió la atención de buques portacontenedores que llegan al Caribe.

Ahora, los empleados de Japdeva solo atienden naves de carga mixta o graneleros, en los muelles de Moín y Limón, es decir, menos de la tercera parte del trabajo que antes realizaban.

Los trabajadores en puestos administrativos o de atención a las comunidades continúan sus labores normales, según la presidenta ejecutiva de Japdeva, Andrea Centeno, quién no precisó el número en cada una de las funciones.

Reconoció que los operarios que trabajan en la carga y descarga de mercancías, solo están a la espera de que lleguen los navíos.

"Hay muchachos que están realizando todavía sus labores, otros que han sido encomendados a otros trabajos, pero sí hay cuadrillas que en este momento no tienen una carga de trabajo como tenían otros.

“Ellos siguen sus funciones, cumpliendo con sus horarios, pero claramente no están atendiendo buques cuando no hay”, explicó Centeno.

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Sin embarcaciones, sin trabajadores portuarios y con las grúas inactivas. Así se veía el muelle estatal. Muy cerca, la TCM atendía dos embarcaciones y en el puerto de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) se descargaba el combustible de un buque petrolero.

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Futuro de trabajadores

Ante la pérdida de clientes, el exceso de empleados y la crisis financiera de la institución, Japdeva está obligada a reducir la cantidad de trabajadores. Esa reestructuración llegará este mismo año, según adelantó la jerarca.

“Sí es un proceso que viene este año y se va a atender con toda la responsabilidad de todas las partes. Estamos conversando de manera general con Sintrajap (Sindicato de Trabajadores de Japdeva) sobre las diversas opciones que se pueden poner sobre la mesa para atender la situación”, aseguró Centeno.

Actualmente, la institución tiene 1.400 trabajadores, cuyas remuneraciones costarían este año ¢41.650 millones. De este monto, la mitad corresponde a pluses salariales.

La jerarca no reveló el número de empleados de los que se deban prescindir. No obstante, en el informe presupuestario de Japdeva para 2019, se señala la necesidad de eliminar 800 plazas.

“Hay que afinar el número en el análisis del proceso que se va a hacer, los tipos de servicios que ya se tienen claro que se van a atender y los nuevos negocios”, dijo Centeno.

El informe de presupuesto fue entregado al Ministerio de Hacienda en noviembre y firmado por el entonces jerarca, Greivin Villegas. Él fue destituido por el presidente Carlos Alvarado, luego de que manifestara que el Gobierno debía hacerse responsable del futuro de esos trabajadores que serían despedidos.

Para evitar los despidos, los empleados de la Junta todavía tienen la opción de traslados horizontales a otras instituciones públicas.

Entidades como el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Recope y el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), están entre las opciones.

Quienes no acepten esa posibilidad tendrían que ser liquidados. Para eso el Gobierno tendría que endeudarse, debido a que la institución carece de fondos para pagar las prestaciones de los funcionarios.

Centeno, quien asumió las riendas de la institución el 26 de marzo, aseguró que el Ministerio de Planificación (Mideplán) ha enviado seis propuestas para reestructurar Japdeva, pero no se ha ejecutado ninguno.

“Japdeva tiene que mantenerse. No se está pensando en el cierre técnico de Japdeva en ninguna medida”, dijo.

Aseguró que hasta el momento, el Ejecutivo no ha tenido que auxiliar a la institución, la cual ha costeado con ingresos propios los gastos de abril y mayo, es decir, la escasa carga mixta y a granel que llega.

Greivin Villegas había vaticinado que en abril la entidad quebraría.

Japdeva sumó cuatro años de resultados financieros negativos, al cerrar el 2018 con una pérdida de ¢3.146 millones, según los estados financieros de la empresa estatal.

La presidenta ejecutiva de Japdeva, Andrea Centeno, conversó el viernes con 'La Nación' sobre la actualidad y el futuro de la entidad portuaria. Fotografía: Jorge Castillo
Nuevos clientes

Centeno aseguró que los esfuerzos se centran en buscar nuevos negocios con graneleros, carga mixta y trasbordo mientras esperan las grandes obras de infraestructura prometidas por el Ejecutivo.

El Gobierno aprobó ¢1.966 millones para estudios de factibilidad y de mercado de cuatro proyectos impulsados por Japdeva en Limón con el fin de “potenciar el desarrollo de nuevos servicios, generar nuevos negocios y mejorar la infraestructura portuaria”.

La iniciativa más ambiciosa es la que pretende transformar el actual muelle Hernán Garrón, conocido como muelle Alemán y ubicado frente al parque Vargas, en una terminal de cruceros y una marina en la ciudad de Limón.

El plan pretende dotar de infraestructura para atención de visitantes en una primera etapa, establecer una marina en la segunda y, en la tercera, abrir un tercer puesto de atraque de buques y construir restaurantes, tiendas libres y hoteles.

El segundo de los proyectos crearía una zona de carga intermodal con centro logístico en el actual complejo portuario Gastón Kogan, en Moín. Además, también se pretende crear un muelle pesquero en Cieneguita y otro centro de actividades logísticas en Liverpool, también en Limón.

La institución también analiza junto al sindicato, la ampliación del muelle de Moín. La construcción del llamado puesto 5-7 abriría la posibilidad de que buques con un calado de hasta 14 metros puedan atracar en el muelle de Japdeva. En la actualidad, Moín no puede recibir barcos con más de 11 metros de calado, por falta de profundidad.

La construcción de la terminal de cruceros, la marina, la zona de carga intermodal y el puesto 5-7 fueron recomendaciones de la consultora holandesa Royal Haskoning, desde 2008.

Japdeva contrató a esa firma para que desarrollara un plan maestro para Limón, con el objetivo de que la institución captara nuevos clientes una vez que su principal negocio pasara a la Terminal de Contenedores de Moín.

A pesar de que los proyectos debían estar listos a esta altura, apenas se están desarrollando los estudios de factibilidad y mercado de esas iniciativas.

Sin embarcaciones, sin trabajadores portuarios y con las grúas inactivas. Así lucía el desolado muelle estatal, mientras la Terminal de Contenedores de Moín (TCM) atendía dos embarcaciones y el puesto de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) descargaba el combustible de un buque petrolero. Fotografía: Jorge Castillo