Fernando Gutiérrez, Ángela Ávalos.   20 enero
Desde hace varias semanas, coyotes han sido vistos en el campus del TEC, en Cartago. Foto: suministrada por Fernando Gutiérrez.

En las últimas semanas se han visto coyotes en el campus del TEC, en Cartago. Andan hambrientos, pues se pasean especialmente a la orilla del lago, porque ahí es donde capturan su comida: patos domésticos que también llegan a retozar en las aguas.

Su presencia se ha vuelto frecuente. Aprovechan la poca presencia de personas en las instalaciones, ya que gran parte de los funcionarios y estudiantes están en teletrabajo o llevan sus clases virtuales debido a la pandemia.

Esta universidad solicitó formalmente ayuda al Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), para atrapar los animales y reubicarlos en sitios donde no representen un riesgo para las personas y estén protegidos.

El campus principal del TEC se ubica en el centro de la ciudad de Cartago, en la provincia del mismo nombre, un kilómetro al sur de la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles.

Los coyotes también han sido vistos en otros puntos de la Vieja Metrópoli.

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El jefe de Servicios Generales del TEC, Aarón Román, confirmó que el Sinac ofreció colocar cámaras trampa en los próximos días para capturar a los animales y llevarlos a un hábitat adecuado.

“No queremos matar ni maltratar a los coyotes”, aseguró el funcionario, quien confirmó que los animales andan con hambre. Esta es la primera vez que se presenta una situación de estas en el campus, afirmó.

En un boletín colocado en el sitio oficial del TEC, Jerson Hernández Rojas, coordinador de la Unidad de Seguridad y Vigilancia, se han visto hasta seis coyotes en las últimas semanas.

Aunque su presencia ha sido común en otros años, en este la diferencia es que se han dejado ver también durante el día.

“El campus cierra a las 6 p. m. y es en la noche cuando salen los coyotes. Pero siempre aconsejamos precaución, principalmente quienes utilizan las instalaciones para hacer deporte. Lo que recomendamos es que no vayan a correr o hacer ejercicio por campo traviesa, que se limiten a las aceras y calles, para estar más seguros”, dijo Hernández en el sitio oficial del TEC.

Sin embargo, no es la primera vez que animales silvestres bajan a sitios urbanizados en busca de comida.

De hecho, en setiembre, una manada de coyotes fue vista en las vías de San Francisco de Coronado, San José, en busca de comida.

Los especialistas consideran que la invasión humana a los hábitats naturales de estas especies, explica en parte la presencia de estos animales en las cercanías de zonas residenciales.

“El coyote está adaptado a ese tipo de zonas. Ellos tienen esa afinidad para zonas abiertas porque normalmente su dieta son conejos, especies menores, hasta roedores. En ese el tipo de hábitat es donde se ubican ese tipo de presas, entonces están buscando ese tipo de comida”, dijo en aquel momento, Kevin Lloyd, biólogo de la Universidad Nacional.

Con la pandemia, sobre todo en los primeros meses, la disminución de la movilidad de personas y los cierres de parques nacionales atrajo a los animales hacia zonas pobladas o de mayor presencia de humanos.

En Costa Rica se vio en los parques nacionales, donde los animales ampliaron su zona de influencia. En Limón, por ejemplo, se dio el retorno de los manatíes.

No es la primera vez que animales silvestres bajan a la ciudad en busca de comida. Se han visto coyotes y hasta pumas recorriendo sitios urbanizados en varias comunidades del país. Foto: Suministrada por Fernando Gutiérrez

La presencia de animales en sitios residenciales también ha sido atribuida por expertos a fenómenos globales, como el calentamiento, que empuja a muchas especies a cambiar hábitos y espacios para subsistir.

En un informe de La Nación para el Día Mundial del Ambiente, en el 2016, se consignó una experiencia vivida en Chicago, Estados Unidos, cuatro años antes.

En esa ciudad, más de 2.000 coyotes se asentaron en el área metropolitana. A varios de estos animales se les vio midiendo el tráfico para cruzar las vías, según se consignó en ese reportaje, que también registró experiencias similares en otras partes del mundo.

Entre las más destacadas, la de lagartijas gigantes viviendo en el techo del parlamento tailandés, o la de mandriles en Ciudad del Cabo, que entran a las casas, se meten a los carros, o ingresan a las cocinas de restaurantes.