Juan Fernando Lara Salas. 26 junio
El 7 de abril anterior en San José una gran mayoría de comercios permaneció cerrado debido a distintas medidas de seguridad sanitaria y una menor circulación de personas en el casco metropolitano. / Foto: John Durán
El 7 de abril anterior en San José una gran mayoría de comercios permaneció cerrado debido a distintas medidas de seguridad sanitaria y una menor circulación de personas en el casco metropolitano. / Foto: John Durán

La reducción de la actividad económica por la pandemia de covid-19 también tuvo consecuencias inéditas en el consumo eléctrico.

Estadísticas del Centro Nacional de Control de Energía (Cence) revelan una caída del 8,3% en el consumo en los últimos 100 días, es decir, prácticamente desde la declaratoria de emergencia nacional por la presencia del nuevo coronavirus.

¿Cuáles son las causas? Principalmente el cierre de comercios de la Gran Área Metropolitana (GAM), la baja de la actividad industrial y la paralización del turismo.

El Cence comparó el consumo de energía en los 100 días comprendidos desde el 16 de marzo anterior, cuando se detectó el primer contagio en Costa Rica, y el 23 de junio pasado. Luego confrontó la demanda en ese período y consumos históricos de referencia en el mismo período.

Esos registros evidencian que en la segunda quincena de marzo, la demanda de luz cayó 4% pues el consumo promedio diario fue de 30,9 Gigavatios-hora (GWh). El consumo histórico era 32,2 GWh por jornada durante la segunda quincena de marzo.

Un GWh equivale a un millón de kilovatios hora.

Justo en esa quincena, el gobierno anunció una serie medidas para prevenir la propagación de la covid-19, las cuales impactaron la gran mayoría de actividades económicas.

Entre el 14 y 15 de marzo, por ejemplo, ordenó el cierre de restaurantes, bares y casinos y, el 16 de marzo, declaró estado de emergencia nacional y cierre de fronteras a extranjeros lo cual trajo afectación directa al sector de turismo.

La interrupción del curso lectivo sobrevino el 17 de marzo y, para entonces, las autoridades ya habían clausurado el acceso a playas y estaba en vigencia la restricción vehicular sanitaria con horarios ampliados.

Entretanto, centros comerciales y restaurantes solo podían recibir hasta 50% de su aforo mientras templos e iglesias habían cerrado sus actividades.

El efecto de esos cambios en el uso de energía se profundizó más en abril, mayo y junio.

En abril, se consumió un promedio de 29,3 GWh diarios equivalente a -7% de la demanda respecto al promedio histórico de 31,5 GWh al día en ese mes (2,2 GWh de disminución).

Hacia mayo, el uso de electricidad cerró en -8,3% con una demanda diaria promedio de 29,3 GWh frente a 31,9 GWh de referencia histórica para ese mes (2,6 GWh de diferencia).

Del 1º al 23 de junio, la demanda se mantuvo en un promedio de 29,3 GWh por jornada frente a los 31,8 GWh (2,5 GWh menos) de referencia, según Cence equivalentes a una diferencia negativa de 8%.

El consumo de electricidad suele servir como punto de referencia para evaluar el ritmo de negocios, sectores productivos y el dinamismo general de la producción de bienes y servicios.

El uso de energía en los últimos 100 días contrasta con la realidad energética de Costa Rica hace 13 años cuando la demanda de electricidad crecía en promedio 6% por año.

A partir del 2010, ese porcentaje promedio bajó luego a 3% promedio por efecto de alzas tarifarias, tecnologías de consumo más eficientes y una creciente búsqueda de ahorro y eficiencia que mermaron el consumo.

Todavía a febrero anterior, el Sistema Eléctrico Nacional reportaba un crecimiento interanual acumulado de 2,41% en la demanda evidencia estadísticas del Cence.

El nuevo coronavirus, sin embargo, apagó el repunte pues para marzo anterior el crecimiento interanual en la demanda ya había caído a 1,1% y para abril ya era de -1%.

La baja se da pese al incremento en el consumo residencial, pues con el teletrabajo y el llamado a permanecer en casa debido a la pandemia, hay más personas y por más tiempo en los hogares.

Para citar un ejemplo, la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) informó en mayo, que entre marzo y abril, los hogares que atienden consumieron 10 millones de kWh más.

Sin embargo, eso no compensa el consumo de la industria, el turismo y el comercio.

Impacto en sectores

Carlos Montenegro, director ejecutivo de la Cámara de Industrias de Costa Rica, confirmó la contracción se ha sentido especialmente en el sector industrial.

Montenegro recordó que solo ese sector devoró 27% de la oferta eléctrica en el servicio de distribución del 2019, conforme datos de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep).

“Si bien en abril la demanda de electricidad cayó en 7% respecto a abril de 2019, las ventas de electricidad al sector industrial en este período cayeron 14%, lo cual coincide con la contracción en la actividad manufacturera y una caída del 27% en las exportaciones industriales de este mayo respecto a mayo de 2019″, explicó.

El industrial agregó que, por el peso de la factura eléctrica en el gasto de muchas empresas y la necesidad de generar ahorros, “no sería de extrañar que más sectores estén implementado medidas para disminuir cada vez más su factura eléctrica”.

Erick Rojas, gerente del Consorcio Nacional de Empresas de Electrificación (Conelectricas R. L.) y vicepresidente de la Cámara de Empresas de Distribución de Energía y Telecomunicaciones (Cedet), explicó que, entre las cooperativas de distribución rurales, la más afectada por menor venta de electricidad es Coopeguanacaste R.L. (en la provincia de Guanacaste), con entre 10% y 11% menos de demanda.

Esa distribuidora rural, con 67.000 abonados, cubre una de las áreas más impactadas por el desplome del turismo.

En esa provincia, cadenas de hoteles paralizaron actividades y suspendieron contratos o acortaron jornadas a sus trabajadores.

Otra cooperativa afectada es Coopelesca R.L (zona norte) con una merma de 8% en el consumo de sus abonados también por tratarse de una distribuidora que atiende turismo.

“En Guanacaste, tenemos grandes cadenas hoteleras que afectadas justo en los meses de mayor consumo por ser temporada alta de turismo. A Coopelesca le ocurre lo mismo en el sector de La Fortuna en San Carlos porque lógicamente los hoteles procuran ahorrar todo cuanto se puede y eso afecta la demanda de luz”, explicó Rojas.

Las cooperativas atienden el 20% de la demanda eléctrica y tienen unos 230.000 clientes.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y la Companía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), ambas del Grupo ICE, son las que brindan el servicio a la mayor cantidad de abonados, pues juntas suman 1,3 millones.