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Confinamiento impulsó la cultura del reciclaje en hogares y municipios

Aumento en residuos desechables también revela problema estructural de gestión de desechos, afirman autoridades; ayuntamientos en iniciativa de reciclaje pasaron de 25 a 60 durante la pandemia

A los hábitos que los ticos adquirieron por la pandemia habrá que sumar el reciclaje. Así lo hicieron presionados por la cantidad de latas, botellas, plásticos y empaques tetrabrik acumulados en los días de confinamiento.

Incluso, las municipalidades tuvieron que tomar acciones.

Centros de acopio e iniciativas para manejo de material reutilizable confirmaron cambios en el ritmo de entrega de los hogares y, con ellos, en adecuaciones de los gobiernos locales que abrieron más rutas de recolección de residuos diferenciados.

El crecimiento en las entregas comenzó a notarse en mayo y se mantuvo hasta final de año, confirmó Rigoberto Chaves, director del Centro de Acopio Preserve Planet.

Chaves lo atribuyó a que la gente permaneció más en su casa, y aumentó el consumo de bienes empacados, lo que influyó en la variedad y cantidad de materiales.

Marlen Chacón Cubillo, encargada del Centro de acopio Asociación de Formación a la Mujer y Familia de San Antonio de Escazú (Asofamisae) tiene otra hipótesis del aumento de materiales.

Según dice, les llegaron menos entregas entre marzo y agosto pero, entre setiembre y diciembre, la situación cambió.

“La gente al estar en la casa empezó a sacar libros y cosas de sus patios, o sea, limpiaron sus casas y comercios”.

“La cuarentena les permitió hacer cosas que no hacían antes; entonces, al estar más en la casa, se comía más ahí y había más residuos generados”, agregó.

Karla Chaves, directora de la iniciativa ecoins, un emprendimiento que facilita el reciclaje de materiales y otorga descuentos a cambio, indicó que a inicios del 2020 había 25 municipalidades participantes en esa plataforma. Ese número, dijo, se logró “a duras penas luego de años en trabajo de convencimiento”.

Sin embargo, al cierre del 2020, había 60 municipalidades sumadas a ecoins. De esas, 51 ofrecían a sus vecinos rutas diferenciadas para recoger materiales aprovechables y nueve ofrecen centros de acopio.

Para Chaves, la pandemia de alguna forma las obligó a adecuar sus esfuerzos por la necesidad que demandaban los ciudadanos.

Por esta razón es que, aunque el año pasado no tuvieron posibilidad de hacer campañas masivas de recolección y hubo cierre de centros de acopio, la caída en la recolección no fue tan drástica.

En todo el 2019, ecoins registró 1.844 toneladas de materiales procesados en ese emprendimiento, mientras que en el 2020 registró 1.344 toneladas. Todos estos materiales (vidrio, plástico, aluminio y otros) se procesan en centros de acopio que, luego, venden a terceros como materia prima para otros insumos productivos.

Comunidad vigilante

En Curridabat, cantón de San José, la marea de reciclaje de los hogares era tal que los vecinos fueron muy vigilantes del cumplimiento de los camiones recolectores. No fue de extrañar que se recibieran más reportes de atraso.

“Fue un aumento grandísimo y subieron las horas de trabajo de las cuadrillas. La población que antes salía a trabajar, ahora nos produjo reciclaje de las propias casas. Esto fue genial porque las personas tuvieron tiempo de hacer una correcta separación y más conciencia”, reveló Grettel Villalobos, del Programa de Gestión Integral de Residuos de ese gobierno local.

Con ella coincidió Karen Porras, directora de la Unión Nacional de Gobiernos Locales (UNGL), para quien las personas tomaron conciencia de su propia producción al acumular y separar sus empaques.

Claro, también demandaron más acción municipal para manejar todos esos materiales.

“Ya la vida no es tan veloz como antes; sin tiempo para lavar envases y separarlos. Muchas personas antes comían fuera, pero ahora cocinan y comen en casa. Para todos fue una oportunidad de repensarnos y mejoró la cultura del reciclaje porque los residuos eran propios”, anotó.

Las municipalidades, entretanto, debieron mejorar su respuesta.

Llamada de alerta

El auge del reciclaje, sin embargo, también es una llamada de alerta para bajar la generación de residuos.

De hecho, la experiencia en pandemia podría servir como oportunidad para consumir menos y promover nuevas conductas en las familias como, por ejemplo, hacer compostaje, señala Patricio Morera, director ejecutivo del Instituto de Fomento y Ayuda Municipal (IFAM).

El jerarca reconoce que el país tiene problemas estructurales en la gestión de residuos sólidos. Esas dificultades van desde insuficiente política pública y legislación hasta deficiencias presupuestarias y de infraestructura de las municipalidades a cargo de la disposición final.

Datos de la Fundación Marviva confirman el problema.

Según Alberto Quesada, asesor de incidencia política de la organización, afirma que Costa Rica es incapaz de manejar de forma adecuada hasta 90% de desechos plásticos.

“En el mejor caso, el plástico generado llega a un relleno sanitario pero ninguna autoridad local maneja datos. O bien, quedan en vertederos o en otras partes del ambiente. De hecho, sabemos que el 25% de nuestra generación de residuos plásticos queda al aire libre y solo 10% llega a centros de acopio para una gestión adecuada”, explicó.

En criterio de Quesada, la pandemia solo mostró “con más fuerza y contundencia” el problema estructural de elevado consumo y generación de residuos y en particular de plástico.

“Debemos atener el problema de raíz, y es evitando su generación. Ahora más que nunca es urgente avanzar hacia la prohibición de materiales desechables innecesarios”, enfatizó.

Juan Fernando Lara Salas

Juan Fernando Lara S.

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, infraestructura, energía y telecomunicaciones.