Juan Fernando Lara.   26 agosto, 2018
En momentos en que se discute una reforma fiscal en el país, también corresponde a los costarricenses revisar el manejo de sus presupuestos. Foto: Albert Marín

Nada es más fácil que gastar dinero si se considera la avalancha publicitaria que llueve sobre los consumidores y el alarmante ritmo con que los emisores de tarjetas de crédito lanzan estas a las personas.

Limitar el gasto personal y familiar se vuelve así más complicado pero sin ser imposible.

De hecho, limitarse es clave al acercarse una reforma fiscal que promete cambios en los impuestos de bienes y servicios como ruta para sanar una economía en estado crítico, luego de años de endeudamiento para cubrir los gastos básicos.

Esa reforma fiscal persigue generar más ingresos para cubrir, entre otras cosas, los préstamos del Estado y urge mucho: el Banco Central confirmó que las proyecciones de crecimiento de Costa Rica este año reflejan un agravamiento del deterioro económico del país por ese persistente y creciente déficit fiscal (más gastos que ingresos).

La tendencia, advirtió el Banco, golpeará el ingreso de las personas y familias porque crecerá menos la producción y el empleo. Por lo tanto, los hogares dispondrán de menos dinero para ahorro o gasto.

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En esencia, no parece el momento ni para gastar en caprichos, ni para erogaciones fuertes sin el debido análisis y planificación, advierten expertos consultados por este diario.

Según ellos, los problemas de analfabetismo financiero ligados a tarjetas de créditos y préstamos en general emergen ahora como auténticas amenazas para todas las personas en una coyuntura económica a la entrada de la sala de emergencias.

¿Qué hacer? Lo obvio (y difícil para algunos) es ordenar las finanzas; tomar el ingreso y equilibrarlo con el gasto, explica Erick Jara Tenorio, director de investigaciones económicas y mercados del Ministerio de Economía Industria y Comercio (MEIC).

Un truco ante gastos fuertes (vivienda, carro, etc.) es llevarle el pulso a variables macroeconómicas relevante para las finanzas personales como la tasa de interés pasiva; explicó Jara.

Ese indicador refleja cuánto le cuesta a las personas el dinero que prestan los bancos. La tasa consiste en un promedio de todos los intereses que pagan los bancos a sus clientes por ahorrar dinero.

Sin embargo, sirve a estas mismas entidades para fijar cuánto cobra de interés por dar préstamos; en particular para la compra de una casa. Cuanto más alta esa tasa básica pasiva, más intereses en general se pagan por el préstamo.

“Hay que estar encima de esa tasa básica pasiva. A julio, estaba en 6% y se luce estable pero la situación fiscal podría impactar las tasas banarias y ello se reflejará en el indicador”, indicó.

¿Conviene comprar un carro con la tasa básica pasiva estable? No necesariamente, advirtió Jara.

La respuesta depende del análisis y cálculo de distintas variables como si el ingreso de quien compra el carro es fijo o variable, cuál es la tasa de interés del préstamo para adquirirlo, cuánto dinero ahorrado hay para esa compra y qué otros gastos en el hogar también reclaman dinero y qué otros se asoman en el horizonte (fuera de la cuota del préstamo) podrían reclamarlo mientras se paga la deuda.

Si el gasto es un carro, y es dispensable, quizás sea aconsejable esperar señaló Jara. Incluso, el analista previno de gastos como este tipo: comprar una motocicleta con la tarjeta de crédito.

“Una compra hecha así puede hacerse con otro instrumento financiero de interés más cómodo pero, si fue una compra espontánea, entonces se perdió una oportunidad. Gastos así requieren planificación financiera”, insistió.

Su advertencia apunta al crecimiento de la morosidad ligada a tarjetas de crédito a un plazo de tres meses.

En una investigación a inicios de año, el Ministerio de Economía detectó que la deuda ligada a ese instrumento de gasto creció “sustancialmente” de julio del 2010 a marzo del 2018 cuando pasó de ¢577 millones a ¢1.203 millones, un 124% de incremento.

Jara recordó que al pagar la tarjeta de crédito, los emisores suelen sugerir el pago mínimo del saldo en vez del pago completo.

No obstante, explicó, el pago mínimo sólo evita que el usuario reciba la etiqueta de moroso pero NO ataja el cobro de interés sobre el resto de la deuda. Eso se evita con el pago completo del dinero que ese mes la tarjeta le prestó.

“Vea, cuando hay familias que se endeudan con tarjetas de crédito y pagan intereses al emisor por bienes básicos, eso alerta de un posible desorden. Gastos recurrentes básicos no se pueden financiar con dinero prestado. Es lo que hoy nos pasa con las finanzas públicas. Hay que reconocer el problema y atenderlo”, afirmó Jara para quien una tarjeta de crédito es suficiente.

¿Entonces qué hago?

Una persona o familia siempre debería tener un presupuesto definido donde sea posible identificar gastos esenciales y aquellos que no, los cuales deben apuntarse en una lista, recomienda Pedro Aguilar, economista y gerente de consultoría en riesgos en la empresa consultora Deloitte.

“Hay que apegarse al presupuesto y a la lista. Eso es. A partir de ahí, hay que buscar descuentos con base en las compras previstas”, recomendó.

Aguilar también aconsejó la regla “50, 20, 30” la cual considera de mayor utilidad para jóvenes trabajadores quienes se inician en la vida laboral y, quizás, todavía no han adquirido deudas fuertes. La regla consiste en asignar 50% del salario a gastos básicos (pago de servicios, alquileres, alimentación, etc), 20% a ahorro y 30% a gastos no esenciales (entretenimiento, artículos personales, etc.).

“En una coyuntura económica como la actual, donde tenemos toda clase de señales de alerta, ese 30% de gasto discrecional incluso podría reducirse para convertirlo en ahorro”, explicó.

Aguilar insistió en la conveniencia de prevenir riesgos como endeudarse en dólares si el ingreso es el colones. Si el tipo de cambio hace que el colón se devalúe más frente al dólar, una deuda en moneda estadounidense implica tomar más colones al final de mes para pagar la cuota del préstamo.

El economista insistió en la necesidad de disminuir riesgos con tarjetas de crédito a base de una correcta comprensión del instrumento.

Según observa, muchos usuarios desconocen que si les ofrece una tarjeta con, por ejemplo, 5% de interés al mes, ese porcentaje debe interpretarse anualmente. Esto es 60% de interés anual.

Si esa persona se acostumbra a pagar cada mes el monto mínimo de la tarjeta (en vez de toda la deuda adquirida por mes) está creando un acumulado de deuda sobre el cual se cobrarán intereses que ya no serán del 5%.

Dicho porcentaje de cobro podría ir de 5% (un mes de deuda luego del pago mínimo) a 25% (cinco meses) o más, según sea el tiempo que lleve pagando únicamente saldos mínimos de una o varias tarjetas.

Tan delicado es el tema de las tarjetas de crédito, explicó, que los bancos antes de otorgar créditos para casa, vehículos u otros gastos primero indagan cuántas tarjetas de crédito posee quien solicita al ser estas un indicador de riesgo.

“Aunque la persona no las utilice todas sus tarjetas, el banco sí parte de ello. Entonces, antes de otorgar préstamo, hay bancos que consideraran como endeudamiento el conjunto de intereses de esas tarjetas y afecta la suma que finalmente se le presta al solicitante”, aclaró Aguilar.