Ángela Ávalos.   21 abril

No podía comer, ni siquiera el arroz con caldo de frijol que tanto le gusta. Tampoco podía moverse unos cuantos pasos porque terminaba totalmente extenuada.

La menor de sus 14 hijos, Sussy Arroyo, lo resume así: “mamá estaba muerta en vida”.

Doris Emilia Campos Durán vivió desde sus 13 años con un problema de tiroides. Esta glándula, responsable de controlar el metabolismo humano, le creció tanto que llegó a generar un enorme bocio en la base de su cuello.

Esa es una de las complicaciones más frecuentes en personas que padecen de la tiroides. Sin embargo, la de Campos era tan, pero tan grande, que le hizo la vida imposible.

Todo empezó en su adolescencia. Sin tener herencia familiar, la tiroides de Dora empezó a crecer y a crecer y a crecer...

Luego de 50 años y 14 embarazos, aquel bocio se volvió incontrolable cuando Dora llegó a los 63 años: llegó a pesar 2 kilos, colgándole del cuello e impidiéndole tener una vida normal.

En el 2016, la inmensa masa llena de venas se alimentaba del escuálido cuerpo de esta mujer, vecina de Purral de Goicoechea, en San José.

También crecía gracias al miedo, porque Dora se aterraba con la sola idea de pasar por un quirófano para que le extirparan aquella masa deforme.

El crecimiento del bocio se aceleró en el 2016, impidiendo a Dora Emilia Campos Durán realizar sus actividades cotidianas. No podía comer ni caminar, porque se agotaba. Esta foto fue tomada para su cumpleaños. Su familia pensó que sería la última. Foto: Cortesía

Luego de dos años padeciendo el peso de ese bocio y todas sus complicaciones, Dora fue finalmente operada.

Dos de sus hijos la llevaron engañada a citas médicas, las cuales concluyeron en marzo del año pasado en uno de los quirófanos del Hospital Calderón Guardia.

En una operación que se prolongó siete horas, los cirujanos lograron extraer el bocio de 2 kilos, y le salvaron la vida.

33 kilos

La cirugía se realizó el 22 de marzo del 2018, aunque la historia de Dora Campos trascendió públicamente hace apenas unas semanas, un año después del procedimiento.

Deshacerse de ese bocio gigantesco le permitió reconstruir su vida, según cuenta la menor de sus hijos.

Todavía tiene la traqueotomía (abertura en el cuello dentro de la tráquea) que le tuvieron que hacer porque el bocio le dañó la tráquea, cuya función es dar vía abierta al aire para respirar.

Más de un año después de la operación, tampoco puede hablar muy bien, pues lo extenso de la masa le dañó parte de sus cuerdas vocales. Por eso, Sussy habló por ella.

Dora Campos pocos días antes de ser intervenida. La operación la realizó un equipo del Calderón Guardia, el 22 de marzo del 2018. Foto: Cortesía

“Mami llegó a pesar 33 kilos. Cuando ella salía del hospital la gente se le quedaba viendo, y le daba vergüenza; se acomplejó mucho. Ella se fue dejando y dejando hasta que en el 2016 le empezó a crecer demasiado”, relató la joven de 24 años.

“Llegó a un punto en que no se podía levantar de la cama. Ella estaba muerta en vida. Lo que camina era un esqueleto. Mi hermano, que es taxista, y yo la llevamos engañada al hospital Geriátrico para que la viera una nutricionista, y de ahí la refirieron al Calderón”, contó.

Los internamientos prolongados se convirtieron en parte de su rutina.

En el primero, de seis meses, le hicieron cualquier cantidad de exámenes para conocer el funcionamiento de su tiroides, tan dañada luego de pasar años produciendo más hormonas de las necesarias para el funcionamiento del cuerpo.

En el segundo, el año pasado, pasó tres meses hasta que finalmente la operaron el 22 de marzo del 2018.

Qué es el bocio

Dora Campos nunca había pasado por un quirófano. Sus primeros ocho hijos los tuvo en casa. Los otros seis fueron en el hospital, pero eran partos naturales, en los que un día entraba a dar a luz y el otro salía con el güila en brazos.

Luego de la operación, pasó dos meses más hospitalizada para realizarle controles.

"La tuvieron que volver a intervenir porque se le murió la tráquea... Ahí se la acomodaron y le hicieron la traqueotomía.

“Después de eso, tuvo un paro cardiorespiratorio y estuvo 22 días en Cuidados Intensivos. Y luego agarró una neumonía. Sí, mami es un milagro”, relató su hija.

La resurrección de Dora

No pudimos hablar con Dora personalmente porque andaba de paseo, algo con lo que ni siquiera podía soñar hasta hace pocos años.

No para en la casa. Lo único que hace distinta su rutina es la obligación de tomar una pastilla que es la que reemplaza el funcionamiento de la tiroides, órgano extirpado durante la cirugía.

Dora Emilia Campos Durán pesa ahora 47 kilos. En el peor momento de su enfermedad, llegó a pesar 33 kilos. Foto: Cortesía

El 13 de mayo tendrá su cita anual y ahí espera que ya no sea necesaria la traqueotomía. La abertura todavía la tiene pero espera que, al igual que la cicatriz del bocio, se convierta pronto en solo una marca del pasado.

Pasa visitando a diez de sus hijos, porque todavía vive con cuatro en su casa, y junto a su esposo, Mario Enrique Arroyo Acuña, con quien tiene 50 años de casada. Además, aprovecha cada vez que puede para visitar a sus 25 nietos y dos bisnietos.

El estrés con que vivía su familia se esfumó. Y ella está subiendo de peso. Está en 47 kilos.

“Para nosotros ha sido una gran lección, porque a veces uno se echa a morir por cualquier cosa y verla a ella luchando durante tanto tiempo, es un ejemplo. Estamos muy felices de ver que come de todo y que ya no para en la casa”, reconoció Sussy.