María Isabel Solís. 25 octubre
Personas con lesiones musculares o enfermedades crónicas como la artrosis usan estos ejercicios como una terapia. Incluso, gracias a estos ejercicios han evitado cirugías. Foto: Adríán García Solís
Personas con lesiones musculares o enfermedades crónicas como la artrosis usan estos ejercicios como una terapia. Incluso, gracias a estos ejercicios han evitado cirugías. Foto: Adríán García Solís

Asisten rigurosamente a la piscina; sin embargo, su objetivo no es participar en determinada competencia o ganar un trofeo: lo hacen porque encuentran alivio tras ejercitarse en el agua.

Doña Marjorie, doña María, doña Eugenia y doña Lisbeth han tenido un antes y un después desde que hacen ejercicios en el agua. La vida les cambió; son más activas, pueden movilizarse, los dolores han disminuido y tienen bajo control las afecciones que las aquejan.

“Si no fuera por la asistencia a la piscina, tres veces por semana, es posible que no diera paso”, afirma María Eugenia Bozzoli, de 85 años, quien tiene una lesión en la columna y sostiene que esa actividad es indispensable porque es una las pocas opciones de ejercitarse que tiene la población adulta mayor.

Por su parte, Marjorie Araya tuvo una lesión en el manguito rotador (músculos y tendones que dan estabilidad al hombro); la dolencia la inmovilizó, al punto de que le recomendaron una cirugía; sin embargo, le sugirieron que probara primero con hidroterapia. Así lo hizo y, poco a poco, pudo movilizar los hombros y la cirugía no fue necesaria.

Lisbeth Obando, de 63 años, buscó la hidroterapia porque en la Clínica Carlos Durán le hablaron de la importancia de la actividad física como parte del tratamiento para tener bajo control la diabetes, y entonces buscó la natación como un recurso.

Asistía a la piscina de plaza Víquez, pero suspendió la terapia por la pandemia; no obstante, aclara que si las condiciones se lo permiten, la retomará en el 2021, pues siente que esos ejercicios la tonifican.

Doña Marjorie Miranda Quirós realiza este tipo de terapia desde hace ocho años pues sufre de artrosis (enfermedad crónica degenerativa que produce la alteración destructiva de los cartílagos de las articulaciones) y en el agua puede movilizar sus piernas y fortalecer sus músculos.

Ellas son categóricas: este tipo de terapia ayuda a elevar su bienestar físico, social y emocional, y les mejora su calidad de vida.

La constancia en la práctica de estos ejercicios es trascental, junto con la guía de un profesional. Foto: Adrián García Solís
La constancia en la práctica de estos ejercicios es trascental, junto con la guía de un profesional. Foto: Adrián García Solís
Una fórmula ideal

Para Yendry Muñoz, especialista en medicina física y rehabilitación del Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología, los ejercicios en el agua son una de las mejores fórmulas que poseen los adultos mayores para movilizar algunas regiones del cuerpo sin sufrir un gran impacto.

Destaca que en el agua el peso de cuerpo es inferior, lo que facilita los movimientos y permite la reducción del dolor.

“La constancia es trascendental porque una persona puede mostrar cambios unos tres meses después de haber iniciado la terapia, siempre y cuando esté guiada por un profesional”, dijo la especialista.

De igual criterio es Roberto Aguilar, especialista en fisiatría y director del Centro Nacional de Rehabilitación (Cenare), quien sostiene que las bondades de la natación son vastas, puesto que la flotabilidad, la resistencia y la presión hidrostática que ejerce el agua sobre el cuerpo ayudan al paciente a moverse con mayor facilidad, fortalecer y masajear los músculos.

Relató que pacientes con fibromialgia obtienen muy buenos resultados con este tipo de ejercitación. Quienes padecen de esta condición sufren de dolores musculares y cansancio.

Adicionalmente, mediante la natación se fortalece el sistema respiratorio y circulatorio y esto es especialmente bueno para personas con problemas cardiacos, hipertensión, diabetes, entre otros, siempre y cuando estén compensadas.

Entre tanto, Vasty Orozco, especialista en educación física e instructora de natación, aduce que la ejercitación en el agua es importante para todos los seres humanos; sin embargo, sostiene que los adultos mayores son los mayores beneficiados.

“Es una población con enfermedades crónicas y otros padecimientos para los cuales la natación es una gran cosa”, expresó.

A juicio de Yendry Delgado, instructora de natación y gerente de la Academia Aquatica, la densidad del agua produce una sensación de placer que le permite a la persona relajarse.

“Todo deporte genera endorfinas, pero ejercitarse en el agua mejora la salud mental y, adicionalmente, fortalece músculos que permiten proteger las diferentes articulaciones”, dijo.

Un 90% de las personas que atienden en esta academia llegan por indicación médica, y un buen porcentaje de esa población es adulta mayor. Eso los obligó a reenfocar la oferta del servicio que brindan a sus clientes.

“Todo deporte genera endorfinas, pero ejercitarse en el agua mejora la salud mental y, adicionalmente, fortalece músculos que permiten proteger las diferentes articulaciones”. Yendry Delgado, instructora.

Los problemas más referidos por los asistentes a esa academia son lesiones en sus rodillas, hombros, caderas y dificultades en su columna vertebral, pero además asisten personas con problemas cardiovasculares.

Tanto Delgado como Orozco afirman que durante las sesiones de trabajo tratan de recomendar ejercicios que tienen múltiples indicaciones para fortalecer la coordinación, la fuerza, la elasticidad y el equilibrio.

Estos últimos son especialmente útiles para la prevención de caídas, que es uno de los problemas que más afecta a los adultos mayores y cuyas consecuencias, en muchas ocasiones, son fatales.

El agua, dice Delgado, es muy importante porque les permite a los adultos realizar en forma continua hasta 50 minutos de ejercicio que quizás en otro ambiente no los pueden soportar.

Las contraindicaciones para ejercitarse en el agua son pocas y entre las que destacan los especialistas son aquellas que tienen que ver con problemas cognitivos, pacientes a quienes les cuesta seguir órdenes, epilépticos, pacientes crónicos descompensados, incontinentes, personas con infecciones de piel y con alergias.

Una de las ventajas que existen en la actualidad es que en la mayor parte de cantones hay piscinas públicas y privadas que tienen programas de ejercicios para las personas adultas mayores, que no necesariamente saben nadar. Lo que falta es tomar la decisión.