Silvia Artavia. 20 agosto
Las monedas que José Luis tenía el domingo. Foto: Gesline Anrango
Las monedas que José Luis tenía el domingo. Foto: Gesline Anrango

José Luis, quien llegó a suelo tico hace un mes a causa de la crisis política que vive Nicaragua, no quiso compartir su apellido, pero sí su historia.

“El sábado nos sentimos angustiados, con ganas de llorar, porque de Nicaragua venimos huyendo, reprimidos, con aquella angustia; y ahora, a recibir otra angustia aquí”, lamentó el hombre, quien es oriundo del departamento de Carazo.

Tener que dormir “donde le agarre la noche” no le impide andar presentable y con ropa limpia.

“Estoy viviendo donde me agarre la noche. Estuve por el Molino Rojo –un bar en avenida 10 de San José–, en un albergue de un pastor, pero como solo 50 personas están aceptando por noche, a veces nos toca dormir afuera”, comentó.

Las peripecias no las pasa solo él. Los azotes de vivir en la calle los sufren, sobre todo, las mujeres, quienes se ven expuestas a intentos de abusos sexual por parte de indigentes.

En medio de las penurias, rescata José Luis, muchas veces ha recibido ayuda. Los mismos nicaragüenses que alquilan cuartos, en algún sitio de la capital tica, le permiten bañarse y le comparten un espacio para guardar la ropa.

Encontrar trabajo es el fin. “Le pido al Gobierno que nos dé el chance de trabajar, que le digan a las empresas constructoras que nos den una oportunidad a los que tenemos carnet (de refugiados) o andamos pasaporte, para demostrarles que nosotros, los nicaragüenses, somos trabajadores”, enfatizó el extranjero.

La falta de empleo no es lo único que lo desvela. El cierre temporal del parque La Merced supuso una metáfora de vida para José Luis, quien siente que cada vez se les cierran más las puertas a él y a sus coterráneos en Costa Rica.

“Ya no podemos ni estar en el parque donde siempre nos concentrábamos. Ahora andamos de un lado a otro. Mire dónde estamos aquí, solo unos cuantos. No sabemos para dónde cogieron los otros. Ahí (en el parque La Merced) nos manteníamos unos 300. Es triste, la verdad, porque nos vamos desuniendo. Aquí uno también va haciendo amistades”, enfatizó.

Junto al amigo con quien salió de Nicaragua, José Luis acudió el domingo al parque de La Salud, ubicado al costado sur del Hospital San Juan de Dios.

Ese fue uno de los puntos de encuentro de sus compatriotas ese día, aguardando a que de nuevo se abriera La Merced y, con este, otras posibilidades.

Nicaragua lleva cuatro meses de una crisis que ha cobrado más de 317 vidas en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega.

Para la segunda semana de julio, las oficinas consulares de Costa Rica en esa nación vecina registraban un aumento del 42% en las solicitudes de visas de nicaragüenses.

Policías y migrantes el domingo en el parque de La Merced, San José. Foto: Gesline Anrango
Policías y migrantes el domingo en el parque de La Merced, San José. Foto: Gesline Anrango